18 de marzo de 2017

El conmovedor caso de las niñas incineradas de Guatemala


Debe hacerse justicia a las niñas haciendo cambios profundos en esas instituciones, sin linchamientos políticos ni descalificaciones: ¿acaso hace un año ocurre eso y Jimmy es el responsable? Son 60 años de retraso originado por las dictaduras militares coludidas con los oligarcas. Jimmy es irrelevante y nadie lo sacará de su tontera.

Tuve la oportunidad de trabajar como educador durante tres años en el antiguo Centro de Orientación de Varones de la zona 13 de la ciudad de Guatemala.

 Ya por esos años se había suprimido el tenebroso nombre de Corrección de Menores, pues la institución se había modernizado en la percepción y tratamiento de los niños y jóvenes de conducta irregular, como se tipificaban estos casos educacionales, sociales y emocionales. 

Había en cada centro, que eran cuatro, tratamientos parecidos, siendo el más avanzado el Centro de Pre-Egreso de San Pedrito, zona 5, donde se suponía que el tratamiento psicobiosocial por varios años de estas personas los hacía ya aptos para vivir en sociedad.

El régimen de pre-egreso consistía en que los alumnos trabajaban durante el día en talleres de mecánica, zapatería o imprentas; y pernoctaban en el albergue de San Pedrito; previo a salir a su trabajo desayunaban y al retornar luego de sus ocho horas de trabajo, cenaban, se les proveía de ropa limpia personal y de cama, además de cepillos dentales, no así tubos de pasta de dientes, pues habían descubierto estos jovencitos que la pasta dental mezclada con no sé qué ingrediente funcionaba muy bien como embriagante.

Los centros más complicados fueron siempre el de la zona 13 para varones y el Centro de Orientación Femenina, Las Gaviotas, que funcionaba en un idílico paraje de encinas y robles del municipio de San Juan Sacatepéquez. 

Allí las niñas cursaban su educación primaria y aprendían oficios propios de su género. 

Con los varones era igual en el Centro denominado popularmente como la Ciudad de los Niños, en el municipio de San José Pinula, donde había magníficos talleres de carpintería, zapatería, sastrería y panadería; además para quienes tuvieran inclinaciones agropecuarias, porque llegaban también niños del área rural, disponía este centro de una magnífico hato de vacas lecheras holandesas de raza Holstein y un área de siembra para hortalizas y maíz.

 Las áreas para las prácticas del deporte eran amplias y la propiedad en general estaba inmersa en un bosque de oscuros y añosos cipreses, con agua abundante y grandes espacios para la recreación, con una colina incluida.

Este centro educativo fue creado, dicho sea de paso, por el ministro de educación de Juan José Arévalo, durante el período revolucionario, el ilustre jutiapaneco originario de la aldea Las Ánimas, de Asunción Mita, el doctor en pedagogía Juan José Orozco Posadas; quien también designó a esta escuela con el nombre que fue conocido durante muchos años.

 Los niños que vivían en la Ciudad de los Niños se aprestaban, ya con entrenamiento laboral, para ser transferidos al centro de pre-egreso San Pedrito. 

Toda funcionaba de manera aceptable y todavía no se conocía el fenómeno de la maras, esas pandillas juveniles que ahora son amplias y sanguinarias organizaciones criminales que asuelan grandes y pequeñas ciudades de todo Guatemala. 

Los niños que delinquían lo hacían de manera personal, para sobrevivir en las calles y sus robos o hurtos, eran sencillas raterías de poca monta. 

Cada niño tenía no poca inversión por parte del Estado y los resultados, luego de tres o cuatro años de internamiento, eran sencillamente, lamentables. 

De cada 100 casos tratados, si mucho, se rehabilitaban dos. 

¿Dónde estaba la falla? Pues como primer motivo estaban la familia disfuncional de donde provenían, pero la causa profunda era la sociedad donde se había configurado esa célula familiar.

Todas las modernas psicopedagogías y sociologías burguesas identificaban con los métodos propios de la ciencia burguesa, muy posiblemente la causa de clase para estas sociopatías, pero no encontraron ni creo que puedan encontrar nunca la fórmula para resolver ese tipo de problemas conductuales, porque son fenómenos, consecuencias; no causas. 

Los casos psiquiátricos eran mínimos y se remetían más que todo al tratamiento de casos de epilepsis. 

Nunca se utilizaron o casi nunca se utilizaron estas instituciones, para casos de niños en orfandad, pues generalmente estos niños eran acogidos por sus tíos, tías o abuelos. 

Allí llegaban niños definidos como de conducta irregular, irregularidades creadas por un sistema de exclusión, violencia y racismo capitalista.

No defiendo a Jimmy, pero pretender lincharlo políticamente por no apersonarse al lugar de la tragedia en el instante que ocurría, no deber esperarse de él. 

Este pobre hombre vive miles de miedos que lo tienen medio loco. 

Falla, sí, en no tener carácter ni seso para hacer declaraciones más puntuales y decididas, para satisfacción de la gente que tiene grande ojeriza contra él. 

Es decir, sus relacionistas públicos son más brutos que él y como medida de defensa a su ineptitud, porque cada vez que abre la boca es un tesoro de anomalías lingüísticas y comunicacionales, ha pedido a los periodistas hacer solo preguntas relacionados con el tema que se trata en las conferencias de prensa y para lo que él, como escolar, estuvo repasa que repasa, para no salir con un lapsus calami, por aquí o por allá. 

Aun así, con lección aprendida, las metidas de pata siempre son inevitables. No es necesariamente una política antiperiodística, aunque lo haya declarado: es una actitud defensiva ante su ineptitud. 

El señor Jimmy no puede darle tratamiento a ninguna cosa de su cargo. Pero al final, no tiene la culpa él, sino los millones de guatemaltecos idiotas que lo eligieron. Tienen, pues, en el cargo, por lo que votaron. 

Y los grupos progres o de izquierda, como siempre, se solidarizan con las jovencitas muertas, pero de esos grupos contestatarios de poco fiar, salió precisamente para el cargo de Ministra de Salud la hija de Mirna Mack, la antropóloga asesinada. 

Su hija, que vociferó en la Plaza de la Constitución con frenesí y desenfado, no tuvo empacho para aceptar un cargo ministerial ofrecido, no cabe la menor duda, por el grupo de militares fascistas del FCN, porque a ese nivel, los cargos no se asignan por una sencilla carta de recomendación, sino pasan por una discusión no solo política sino ideológica. 

¿Quién es la doctora Hernádez Mack? 

Pues, a saber, pero principios democráticos no creo que tenga desde el momento de subirse a este carro loco y mal oliente de la actual administración jimmysta, no moralista, porque estaríamos diciendo otra cosa peor, más loca y más desacertada.

Lo que allí falló, independiente de la causa social, es un sistema de atención, protección y resguardo de menores vulnerables, porque se sigue teniendo a esos centros, pese a los avances de la psicopedagogía, en ser ámbitos de detención carcelaria; por eso las cercas altísima ya alambradas y los portones penitenciarios, fortísimos e infranqueables. 

La mentalidad debe ser otra: EL PLENO EJERCICIO DE LA LIBERTAD de las personas allí retenidas. 

Con reglas claras de convivencia y sin paternalismos de trabajadora social (problemas sociales, le dicen a estas profesionales por su alto grado de conflictividad y sentido común en mi país).

Quien quiera estar y atenerse a las normas de convivencia, pues, las puertas deben estar siempre abiertas y a quien no le gusta, pues igualmente las puertas deben de estar de par en par, como figura simbólica claro, porque ahora todo mundo pareciera estar medio loco (lo de perro faldero dicho por el presidente peruano en uso de una mal figura literaria y la interpretación literal de otro loco e iletrado como Nicolás Maduro).

Nadie puede ser retenido donde no quiere estar. La niñez desprotegida debe ser respaldada, pero en tanto quiera eso. Porque a nadie se puede hacer entender si no quiere entender. 

El instinto carcelario, penitenciario, es el responsable de la tragedia. 

La falta de protocolos para manejar esas crisis (amotinamientos) de hecho bastante comunes en todo centro de detención, pero con menos agravantes donde hay menores, donde diariamente se evaden uno o dos niños, sin mayores repercusiones legales para los custodios.

 Hubo notaria incapacidad para el manejo de la crisis y lo mejor debió haberlos dejado ir y no retenerlos.

 Los custodios se imaginaron la gravedad de que todas las niñas escaparan, pero nunca imaginaron la gravedad de que casi todas estuvieran muertas. Hay que estar dentro de las crisis para entenderlas y no salir desaforando ¡Genocidio de Estado! ¡Jimmy Asesino! Eso no es exactamente así. 

Y tampoco es responsabilidad de todos los ciudadanos. La responsabilidad es de una estructura de poder político tradicional regenteado por oligarcas que no han permitido la modernización de estas instituciones y un generoso presupuesto.

La Ciudad de los Niños es una obra de la Revolución de Octubre y funcionó muy bien por muchos años en San José Pinula. Las dictaduras militares y los psicopedagogos militaristas no permitieron superar la mentalidad carcelaria y dichas escuelas dejaron de serlo hace años, para convertirse en antros de perversión, degradación y abusos. 

Debe hacerse justicia a las niñas haciendo cambios profundos en esas instituciones, sin linchamientos políticos ni descalificaciones: ¿acaso hace un año ocurre eso y Jimmy es el responsable? Son 60 años de retraso originado por las dictaduras militares coludidas con los oligarcas. Jimmy es irrelevante y nadie lo sacará de su tontera.

 Él es así y no tiene futuro. Cada día se labra la estaca y pienso yo, con tantos problemas, este pobre hombre está al punto del colapso emocional y mental, a puras inyecciones de neurotropas, para mantenerse en el cargo.

 Veamos pues, motivos y causas y no hagamos muchos casos a los progre, muy dados a gritar en las plazas y después, como clase oportunista, subirse al carro oficial, al primer ofrecimiento de trabajo bien remunerado.

Por Luciano Castro Barillas

Publicado por La Cuna del Sol
USA.