En 1955 Ernesto Guevara se une a Fidel Castro en el Movimiento 26 de
Julio y un año más tarde parten hacia Cuba. Allí realizan el proyecto de
liberación nacional y social más emblemático de los últimos 50 años: la
Revolución Cubana.
Durante los años siguientes ocupó diversas
tareas importantes dentro y fuera de Cuba, convirtiéndose ya en un
referente a escala mundial de las luchas de los pueblos por su
independencia.
En 1966 partió hacia Bolivia. Frente a la
Dictadura de René Barrientos, luchó en el incipiente ‘Ejercito de
Liberación Nacional’ junto a bolivianos, peruanos y cubanos durante
1967.
Después de 11 meses de batallar en la selva Boliviana, el 8 de
Octubre cae herido y prisionero.
Es asesinado al día siguiente por
órdenes de Barrientos y sus asesores de la CIA.
Los pueblos
oprimidos del mundo entero sufrieron su pérdida.
Sus compañeros que
seguían en la selva boliviana sellaron su compromiso: “Che: tus ideas no
han muerto, nosotros los que combatimos a tu lado, juramos continuar la
lucha hasta la muerte o la victoria final.”
Pero, más que saber quién fue, nos preguntamos: ¿Qué era el Che?
¿Solidario?
¿Honesto? ¿Intelectual? ¿Trabajador? ¿Coherente? ¿Humanista? ¿Rebelde?…
Si pensamos al Che como solamente la suma de todas estas cualidades,
todavía está faltando responder:
¿Por qué era así?… ¿Por qué tomaba el
camino de la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos de otros
países?
¿Por qué el Che se sumaba todos los domingos, además de cumplir
sus tareas como Ministro de la Revolución Cubana, al trabajo voluntario
junto a miles de obreros?
¿O con la misma convicción y fortaleza también
tomaba lecciones intensivas de economía durante la madrugada cuando era
necesario que sea Presidente del Banco Nación de Cuba o Ministro de
Industrias?
¿Por qué sin dudar iba al frente tanto en el trabajo
cotidiano, como en la Asamblea de las Naciones Unidas?
Porque esencialmente era un revolucionario, eso era el Che.
Un
revolucionario es quien quiere cambiar la realidad de una manera
íntegra, completa.
Y lo pone en práctica de manera intransigente y
decidida.
En ese objetivo se hace primordial y necesario transitar un
cambio sobre uno mismo, poniendo en práctica los valores con los que
soñamos para la nueva sociedad por la que luchamos.
El Hombre Nuevo y el Internacionalismo
De
la experiencia de construcción del socialismo en Cuba, el Che advertía
que es imposible construir una nueva sociedad, verdaderamente libre,
atendiendo solamente a lo material, a mejorar la producción y
redistribución de la riqueza.
Había que tomar enérgicamente una tarea:
la conciencia individualista que nos inculcara el capitalismo hay que
transformarla en una conciencia solidaria y socialista, ya que sería una
ilusión realizar la nueva sociedad con las herramientas que nos legara
la vieja sociedad.
Resumió todo esto en la idea del Hombre Nuevo:
“Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos”.
La fraternidad, la
entrega a la causa, van adelantando la creación de personas nuevas a
través de las prácticas, la organización, la creatividad y el
internacionalismo.
Por esto en Argelia dijo: “No puede existir
socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una
nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole
individual, en la sociedad en que se construye o está construido el
socialismo, como de índole mundial en relación con todos los pueblos que
sufren la opresión imperialista”.
Así el Che resumía también su llamado
a la acción revolucionaria a escala internacional. Así lo llevó a cabo
en sus incursiones en África y Sudamérica.
¿Por qué fue el Che a Bolivia?
Como
para él y los verdaderos revolucionarios las cosas no terminan en el
mero análisis sino que allí recién comienzan, puso el cuerpo a sus
ideas, las llevó adelante.
En su despedida a Fidel y al pueblo de Cuba
ya enunciaba sus próximos pasos: “Otras tierras del mundo reclaman el
concurso de mis modestos esfuerzos”. Primero el Congo y luego Bolivia.
Tenía claro que la lucha que libraban los pueblos del Tercer Mundo tenía
un denominador común: la opresión del imperialismo estadounidense.
Por
ello, como todo revolucionario, sabía que debía “cumplir con el más
sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que
esté”.
Como parte de su idea estratégica, llevó adelante un proyecto de
liberación continental.
Y el lugar elegido fue Bolivia, decisión
tomada por dos razones. Primero, el pueblo boliviano ya había atravesado
una experiencia de lucha revolucionaria en 1952-53.
Segundo, la zona
geográfica elegida correspondía a la más estricta y tradicional doctrina
militar.
Al igual que José de San Martín, quien montó su cuartel
general en Plumerillo (Cuyo), el punto más alejado del poder español, el
Che eligió Ñancahuazú en Bolivia, el eslabón más débil de la dominación
imperialista.
Desde aquí el Che tenía previsto desarrollar y desplegar
la lucha revolucionaria hacia todo el continente sudamericano.
Retomar las banderas, continuar su lucha
Cuarenta
años después, el Che sigue señalando el camino. Estamos convencidos de
que los actuales procesos que están viviendo nuestros pueblos de América
como Venezuela, Bolivia, Ecuador, son clara consecuencia de aquellas
enseñanzas.
La unidad latinoamericana no puede pensarse sin los aportes
que él hizo, sin su entrega y el legado de su ideario.
El heroico
ejemplo de Ernesto Che Guevara, lejos de sumirnos en la contemplación,
en la admiración de su enorme entrega revolucionaria, en la simple
observación de lo que fue su vida y obra, nos motiva día a día a recoger
sus banderas, a tomar su ejemplo y sus ideales.
La calidad de hombre
excepcional del Comandante Guevara no nos debe encandilar de modo que
nos paralice. Por el contrario, debemos saber que él es la guía, que él
trazó la senda, pero aún queda mucho por andar.
Todas las causas que lo
motivaran a rebelarse siguen aún vigentes, su ejemplo y sus palabras
también.
Esas causas son las nuestras, la opresión sigue presente y está
en nuestras manos ser cada día más humanos, más militantes, más
entregados, buscando en el día a día alcanzar a los hombres y mujeres
nuevos que hagamos de éste, un mundo mejor para todos y todas.
