La ausencia de presidentes latinoamericanos en convocatorias regionales parece ser algo cada vez más frecuente y ha afectado a instancias como la Cumbre Iberoamericana, el Mercosur o la CELAC. Expertos dijeron a Sputnik que la creciente "personalización" de la política y la priorización de vínculos ideológicos aparecen detrás del fenómeno.
La edición número 30 de la Cumbre Iberoamericana, organizada este año por España en la ciudad de Madrid, volvió a dejar en evidencia las dificultades de los mandatarios latinoamericanos para participar de instancias multilaterales que los congreguen a pesar de las diferencias políticas entre ellos.
En efecto, la cumbre sufrió ausencias importantes como la del presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, y la de la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, dos referentes del progresismo en la región y líderes de las economías más importantes de América Latina.
Pero no fueron los únicos: también faltaron los mandatarios de Ecuador, Daniel Noboa; de Colombia, Abelardo de la Espriella; de Perú, Keiko Fujimori; la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez; y el jefe de Estado de El Salvador, Nayib Bukele.
En total, solo asistieron 10 de los 22 líderes convocados.
El presidente argentino, Javier Milei, sí viajó para participar de la cumbre, pero decidió ausentarse de la jornada inaugural del evento y la cena oficial ofrecida por el rey de España Felipe VI para priorizar una agenda de reuniones con el líder del partido español Vox, Santiago Abascal, y la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
La decisión de mandatarios latinoamericanos de no asistir a cumbres a las que son convocados no es exclusiva de la convocatoria hecha por España. A la edición anterior de la Cumbre Iberoamericana, organizada por Ecuador en 2024, solo fueron tres mandatarios: el anfitrión Daniel Noboa, el entonces presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Souza, y el rey español Felipe VI.
Otras instancias regionales como el Mercosur también han estado signadas por las ausencias, al punto en que Lula da Silva y Milei alternaron sus participaciones para evitar cruzarse.
La cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) de Bogotá de 2026 sufrió el mismo problema: únicamente participaron el entonces mandatario local Gustavo Petro (2022-2026), el uruguayo, Yamandú Orsi, y el brasileño, Lula da Silva.
Una expresión de "inmadurez"
Para el analista internacional ecuatoriano Omar Sempértegui, las dificultades que en el último tiempo han tenido los mandatarios de México, Brasil y Argentina para coincidir en instancias regionales resulta "sumamente grave" y "da una impresión de inmadurez" en el relacionamiento de la zona.
"La región necesita más funcionarios que tengan la habilidad de reunirse con personas del, entre comillas, 'bando opuesto', porque al final los mandatarios no se corresponden únicamente a una ideología, sino a todo un pueblo que incluye también a quienes no los votaron", reflexionó.
Para Sempértegui, es necesario que la región encuentre "formas de zanjar diferencias" entre los diferentes líderes para trabajar en cuestiones puntuales que afecten a todos los países, como por ejemplo los efectos provocados por El Niño.
"Si ellos no quieren personalmente darse la mano, tendremos que buscar una forma de establecer misiones especiales para temas específicos, como existe por ejemplo en Europa", complementó.
El analista advirtió que las diferencias ideológicas ya impactaron significativamente en algunos espacios regionales como la Comunidad Andina (CAN) —integrada actualmente por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia— donde las diferencias políticas entre sus gobiernos han hecho que "muchas veces el bloque no pueda negociar porque no encuentra una cohesión macrorregional".
Las ausencias como mensaje político
También consultado por Sputnik, el profesor de relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia Rafael Piñeros Ayala opinó que la época de "profunda personalización de la política" que atraviesa el mundo conspira contra el interés de los mandatarios en este tipo de instancias, ya que los líderes suelen preferir acciones que les permita asegurarse el crédito político.
"Hay un escenario propicio para que lo multilateral sea menos efectivo y eficiente, que haya una mayor preponderancia hacia aquellos relacionamientos en los que el jefe de Estado pueda decir 'yo estuve' o 'yo logré'", afirmó el académico.
Además, señaló, a partir de las propias acciones de algunos líderes globales, el escenario internacional actual ha legitimado que "evitar, no asistir o rechazar" a otros líderes o instancias regionales se ha convertido en "una forma de actuar" que, en general, no tiene consecuencias políticas negativas en sus países.
Así, apuntó Piñeros Ayala, los presidentes latinoamericanos han encontrado que no asistir a eventos regionales les permite dar un mensaje "que refuerce tal vez las diferencias o críticas hacia una u otra cumbre".
Para el experto, la ausencia de los mandatarios puede resultar de menor importancia en instancias con "una estructura simple" y sin mayor institucionalidad como la Cumbre Iberoamericana, pero adquiere un tenor mayor cuando afecta a organizaciones de mayor complejidad como el Mercosur, la Comunidad Andina o lo que en su momento fue la Unasur.
Asimismo, Piñeros Ayala señaló la supuesta contradicción entre las "profundas diferencias personales, ideológicas y políticas" que existen en la región y los tradicionales señalamientos sobre una eventual "hermandad y solidaridad entre pueblos hermanos" de la región.
"El problema es que ni esta hermandad es completamente cierta ni las diferencias deberían ser las que guíen la relación entre los Estados", afirmó.
