¿Realmente Daniel Ortega abolió las elecciones en Nicaragua?

-¿Realmente Daniel Ortega abolió las elecciones en Nicaragua

El peligroso avance de la extrema derecha en América Latina

La hegemonía estadounidense, la expansión israelí y el sionismo evangélico frente a la resistencia.

Introducción: Un fenómeno geopolítico de trascendencia

El giro hacia la extrema derecha en América Latina no es una simple alternancia electoral, sino un movimiento geopolítico que fortalece la hegemonía estadounidense y ofrece a Israel una oportunidad estratégica sin precedentes. Revierte décadas de relativa autonomía y diplomacia pragmática, estableciendo un bloque hemisférico alineado con Washington y Tel Aviv.

La oleada de gobiernos de extrema derecha —Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Asfura en Honduras, De la Espriella en Colombia— resulta funcional para Washington, que busca restaurar su dominio hemisférico. Estos líderes se subordinan a la estrategia estadounidense a cambio de apoyo, cediendo soberanía sobre recursos estratégicos como el litio y el cobre, así como en materia de políticas de seguridad.

Este avance se articula en tres pilares: la Doctrina Donroe , que proporciona el marco coercitivo; los Acuerdos de Isaac, un instrumento diplomático de expansión israelí; y el sionismo cristiano evangélico, la base social y electoral que legitima y sustenta ambos. 

Ninguno puede entenderse sin los demás. Frente a este avance, también se articulan resistencias populares, diplomáticas y culturales, que este artículo busca visibilizar.

I. Las tres piezas del marco

1. La Doctrina Donroe: El Marco Coercitivo

La Doctrina Donroe , una reformulación contemporánea de la Doctrina Monroe, fue proclamada en 1823 contra la injerencia europea y pronto justificó el intervencionismo estadounidense; el Corolario Roosevelt (1904) añadió el “derecho” de Estados Unidos a intervenir en América Latina.

 La Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025 establece que Estados Unidos “reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”. Trump la rebautizó como la “ Doctrina Donroe ”.

Su esencia radica en negar a los competidores no hemisféricos —China, Rusia, Irán— la capacidad de posicionar fuerzas o controlar activos estratégicos, ya que cualquier presencia rival se considera una amenaza directa y un casus belli. 

De ahí un intervencionismo abierto y unilateral, como el bombardeo y secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela en enero de 2026 y el bloqueo continuo de Cuba, Nicaragua, México y, ahora, peligrosamente, Brasil; una definición expansiva del hemisferio —desde las Aleutianas hasta Groenlandia y desde el Ártico hasta la Antártida—; y el apoyo a aliados de extrema derecha mediante promesas de rescates financieros y respaldo político.

La Doctrina Donroe transforma la antigua doctrina «defensiva» en un instrumento de intervención ofensiva y permanente, sin límites en el derecho internacional. Sin embargo, la coerción no basta: necesita aliados locales para legitimarse. 

Es ahí donde entra «Israel», proveedor de tecnología, inteligencia y doctrina de seguridad, y socio diplomático que permite a Washington mantener una fachada de multilateralismo, excluyendo a Pekín, Moscú y Teherán. De este modo, la Doctrina Donroe crea el espacio que «Israel» ocupará con la segunda pieza.

2. Los Acuerdos de Isaac: El instrumento diplomático

En ese contexto, Israel lanzó los Acuerdos de Isaac en abril de 2026, impulsados ​​por Netanyahu y Milei e inspirados en los Acuerdos de Abraham de 2020, pero adaptados a América Latina. Dichos acuerdos declaran su propósito de fortalecer la cooperación diplomática, económica, tecnológica, de seguridad y cultural, así como de impulsar la innovación, el comercio, la inteligencia artificial y la apertura económica, además de combatir el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico. 

Sin embargo, tras estos objetivos aparentes se esconden intereses más profundos: asegurar mercados para la industria israelí de seguridad y vigilancia, expandirse territorialmente, garantizar el acceso a recursos estratégicos y alinear políticamente a la región con Washington y Tel Aviv.

En septiembre de 2026, en la ONU, Netanyahu invitó a Paraguay, Panamá y Bolivia a unirse y retirarse de la Corte Penal Internacional, a la que calificó de "corrupta", en consonancia con la agresiva política estadounidense. 

Argentina sigue siendo el único país que formalizó su participación estatal a nivel presidencial, y dado que no existe un mecanismo multilateral de adhesión equivalente a un tratado, Israel y Washington conservan margen para sumar aliados sin obligaciones legales. Israel declaró 2026 como "el año de América Latina", y tanto el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, como el diplomático israelí Yinam Cohen, exjefe del departamento de América Latina, destacaron que la región constituye un eje fundamental.

La Fundación Aliados de Israel (IAF) coordina grupos parlamentarios proisraelíes en todo el mundo, mientras que Amigos Estadounidenses de los Acuerdos de Isaac (AFOIA), creada en 2025 por la Fundación Premio Génesis, promueve la cooperación entre Israel y América Latina. 

A través de estas entidades, se ha conformado una red parlamentaria regional: del 28 al 30 de junio de 2026, Buenos Aires fue sede de la Conferencia de Presidentes de los Grupos Aliados de Israel de América Latina, organizada por la IAF y la AFOIA e inaugurada por Milei, con legisladores de 12 países que firmaron una resolución en apoyo a la ampliación de los Acuerdos de Isaac.

 Brasil es el caso más destacado de esta red: los compromisos con Israel fueron liderados por Flávio Bolsonaro, senador de extrema derecha y actual candidato presidencial, quien lanzó el Frente Parlamentario Brasil-Israel y prometió restablecer la relación de colaboración sana y estrecha con Israel a partir de 2027; Bolsonaro estuvo entre los legisladores presentes en Buenos Aires. Si bien no constituye una adhesión formal de los gobiernos, la red parlamentaria funciona como infraestructura de alineación incluso cuando los ejecutivos mantienen las distancias.

Fuentes israelíes dividen la región en relaciones sólidas (Argentina, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Bolivia, Ecuador, Honduras y Chile tras Kast), confrontación (Venezuela, Nicaragua y Cuba) y un tercer grupo no detallado.

 Colombia desborda esta clasificación: con De la Espriella, en junio de 2026, revirtió la ruptura con Petro —restableció relaciones, reconoció la soberanía israelí sobre el Golán, prometió una embajada en Jerusalén y retiró su apoyo al caso ante la CIJ—, pasando de ser un aliado “confrontativo” a un aliado estratégico en cuestión de semanas. Brasil y México confirman este patrón: en Brasil opera a través de canales parlamentarios (Flávio Bolsonaro promete sumarse si llega a la presidencia); en México, a través de canales tecnológicos, religiosos y de seguridad, a pesar de la distancia del gobierno de Sheinbaum. Son apuestas a mediano plazo: si la extrema derecha gana en Brasil o México da un giro, la infraestructura ya estará preparada.

Los Acuerdos de Isaac pasaron de ser una iniciativa bilateral entre Israel y Argentina a un marco cada vez más amplio que articula una red de aliados presidenciales y parlamentarios. Pero no son meras formalidades: requieren una base social y electoral para sostenerse mientras no se formalice la adhesión estatal. Esa base es, en gran medida, el sionismo cristiano evangélico, el tercer pilar de este marco.

3. El sionismo cristiano evangélico: una base social.

La alineación ideológica de los sectores evangélicos con «Israel» ha cobrado mayor relevancia allí donde su presencia e influencia política crecen. 

Esta alineación se ve impulsada por redes transnacionales, por la agenda geopolítica estadounidense para Oriente Medio y por la «diplomacia religiosa» de los sucesivos gobiernos israelíes. 

Sus raíces teológicas se remontan al dispensacionalismo , que vinculaba la segunda venida de Jesucristo con el retorno de los judíos a Palestina. Desde la década de 1950, «Israel» ha cultivado el apoyo de las iglesias protestantes estadounidenses; en la década de 1960, pastores sionistas se acercaron al Partido Republicano y a la Mayoría Moral.

Hoy, Guatemala y Brasil destacan por el crecimiento evangélico: representan el 45 % y el 31 % de sus poblaciones, respectivamente. 

El representante de la ICEJ para América Latina es el brasileño Renê Terra Nova, evidencia de la articulación transnacional. La retórica sionista moviliza símbolos bíblicos y la idea de la bendición divina para justificar el apoyo político a «Israel». 

No todos los evangélicos son pro-Israel, pero el sector que sí lo es constituye una base electoral y de movilización crucial para los gobiernos de extrema derecha alineados con Tel Aviv. Esta base no solo vota: organiza, financia campañas, moviliza redes y proporciona el lenguaje moral que transforma una alianza geopolítica en una cruzada religiosa.

II. La expansión israelí en la práctica

1. Pasos concretos de la expansión israelí en Sudamérica**

Argentina ha sido la sede del laboratorio del sionismo de Estado. Milei se autoproclama "el presidente más sionista del mundo" y Argentina es el principal socio estratégico de "Israel" en la región. 

Los Acuerdos abarcan seguridad, inteligencia, ciberseguridad e inteligencia artificial: Argentina se comprometió al intercambio de inteligencia en tiempo real, trasladó su embajada a Jerusalén, apoyó a "Israel" en la ONU y se abrió a la tecnología de seguridad israelí. 

En la ONU (septiembre de 2026), Milei calificó a Netanyahu y Trump como "los dos grandes héroes de la humanidad", advirtió que la desaparición de "Israel" representaría un peligro para todo Occidente, describió a Netanyahu como "uno de los más grandes líderes de la historia" y definió su apoyo como "incondicional".

Honduras pasó de ser defensora de Palestina a aliada militar. 

Hace un año, retiró a su embajador y se sumó a la demanda por genocidio ante la CIJ. Con Nasry Asfura, regresó a su embajador en Jerusalén, se retiró de la demanda y firmó un acuerdo de defensa y seguridad con Israel. 

En agosto de 2026, Israel Katz y su homólogo hondureño, Enrique Rodríguez Burchard, firmaron un memorando que contempla el intercambio de información militar, el entrenamiento táctico y el fortalecimiento institucional.

En Bolivia, tras casi catorce años del gobierno de Evo Morales (2006-2019) y la continuación de las políticas de su partido bajo Luis Arce (2020-2025), el gobierno de Rodrigo Paz restableció relaciones con Israel en diciembre de 2025, con una ceremonia en Washington, D.C.

En Chile, el inusual giro del pinochetista José Antonio Kast, quien asumió el cargo el 11 de marzo de 2026, representa un cambio radical con respecto a Gabriel Boric: ha vuelto a nombrar agregados militares en Israel, puestos que su predecesor había suspendido. 

La investigadora Anna Ayuso (CIDOB) señala que este cambio responde a prioridades de seguridad y a la alineación con Estados Unidos, más que a una tradición histórica proisraelí.

En Ecuador, Daniel Noboa ha buscado la cooperación de Israel para modernizar su inteligencia contra el crimen organizado, desde la ciberseguridad hasta los dispositivos de detección de drogas y explosivos. 

En agosto de 2026, Gideon Sa'ar y su homólogo ecuatoriano, Roberto Kury, firmaron acuerdos para intensificar la cooperación en materia de lucha contra el terrorismo y ciberseguridad.

En Paraguay, Panamá y Costa Rica, continuó la alineación diplomática y parlamentaria con Israel. 

Paraguay trasladó su embajada a Jerusalén, convirtiéndose en el tercer país en abrir una allí en ocho días, después de Estados Unidos y Guatemala. Panamá fue invitado formalmente por Netanyahu a unirse a los Acuerdos y mantiene una participación activa en la red parlamentaria. 

Costa Rica anunció un acuerdo de libre comercio con Israel y el traslado de su embajada a Jerusalén, cerrando así la puerta a Irán.

2. La adquisición de territorio y recursos estratégicos

Más allá de las embajadas y los acuerdos de seguridad, «Israel» consolida su presencia territorial y de recursos mediante diversos mecanismos: concesiones mineras (explotación de litio en Argentina y Chile, y de cobre en Perú y Ecuador, aprovechando la desregulación de gobiernos de extrema derecha); infraestructura portuaria y logística (interés en puertos como Chancay, en Perú, y proyectos en Centroamérica); bases de operaciones tecnológicas (centros de datos, sistemas de vigilancia y plataformas de ciberseguridad que constituyen una presencia territorial funcional sin soberanía formal); compra de tierras y proyectos agroindustriales (grandes extensiones en Brasil, Paraguay y Argentina para la agricultura intensiva y la exportación). 

Este patrón reproduce en Latinoamérica el modelo de control territorial y de recursos aplicado en los territorios palestinos ocupados, adaptado a la escala del hemisferio: aquí no se ejerce mediante la ocupación militar formal, sino a través de contratos, concesiones, acuerdos de seguridad y presencia corporativa.

3. La dimensión tecnológica y de ciberseguridad

Un pilar fundamental de esta expansión es la exportación de tecnología israelí de vigilancia y ciberseguridad. Como señala Middle East Eye, «la creciente cooperación está abriendo nuevos mercados para una industria estrechamente vinculada al aparato militar y de inteligencia israelí, donde las tecnologías se han desarrollado y probado durante la ocupación de Palestina antes de su comercialización en el extranjero».

Ecuador, Argentina y Colombia han firmado acuerdos para intensificar la cooperación en ciberseguridad y la lucha contra las amenazas terroristas. 

Defensores de los derechos digitales advierten que la distinción entre ciberseguridad defensiva y vigilancia se desdibuja cuando las tecnologías desarrolladas en el seno del ejército y el aparato de ocupación israelí se exportan a gobiernos con escasas garantías y un historial de abusos.

 Pepe Flores, de R3D México, lo expresa con claridad: «La mentalidad predominante de los gobiernos latinoamericanos se basa en el riesgo, no en los derechos humanos. Existe una ilusión de control mediante la tecnología».

El “laboratorio” palestino ha sido el campo de pruebas de este modelo de control social. 

Su exportación a América Latina representa la transferencia de un aparato represivo validado en los territorios ocupados: no solo vende software, sino una doctrina de seguridad que concibe al disidente, al activista y al opositor como amenazas que deben ser neutralizadas.

III. La ofensiva contra el progresismo

1. La ofensiva contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El giro a la derecha busca desmantelar el legado del progresismo y aislar a Cuba, Venezuela y Nicaragua. La derecha actual ha roto el consenso diplomático que protegía la Revolución Cubana en foros como la OEA y la CELAC.

 Gobiernos como el de Argentina han retirado a sus embajadores y se han negado a condenar el bloqueo, al tiempo que facilitan la instalación de bases militares o la vigilancia de la DEA en sus territorios.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU (septiembre de 2026), Donald Trump reforzó esta ofensiva: calificó a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua de "regímenes fallidos" y "amenazas a la seguridad hemisférica"; advirtió que su administración "no tolerará la presencia de potencias extrahemisféricas" en la región; elogió a Milei como "una verdadera líder" y celebró el giro de América Latina hacia "gobiernos que respetan la libertad y la propiedad".

Israel espera que los supuestos cambios políticos en Cuba y Nicaragua conduzcan a una recomposición de las relaciones diplomáticas. 

Su estrategia busca que estos gobiernos sean reemplazados por administraciones afines que reconozcan plenamente a Israel y se alineen automáticamente con sus posiciones en los foros internacionales; sin embargo, la realidad sobre el terreno dista mucho de este resultado deseado.

En Venezuela, tras el secuestro de Nicolás Maduro en una operación militar intervencionista estadounidense el 3 de enero de 2026, Israel y Venezuela acordaron restablecer relaciones consulares después de 17 años de ruptura. 

Se extrajo uranio altamente enriquecido del país, se detuvo a un miembro de Hezbolá y las Fuerzas de Defensa de Israel llegaron a Venezuela para brindar asistencia tras los terremotos de junio. 

El caso evidencia la coordinación entre Washington y Tel Aviv: mientras Estados Unidos ejecuta la intervención militar, Israel proporciona el marco diplomático y tecnológico para la reconstrucción y el control posterior.

IV. La batalla ideológica y mediática

La manipulación mediática, la desinformación y la influencia digital deliberada desempeñaron un papel importante en la configuración de los votos y el auge de la extrema derecha. 

Se ha documentado una sofisticada operación de injerencia continental que combina ataques digitales, desinformación y redes políticas para inclinar la balanza electoral. 

Los audios del caso Hondurasgate revelaron una operación de este tipo en tres países, con la participación de actores estatales y paraestatales vinculados a Estados Unidos e Israel.

 A esto se suma la evidencia de la captura de Fernando Cerimedo, un consultor digital conocido por su papel en la manipulación electoral y la desinformación en la región.

Los principales medios de comunicación, en su mayoría propiedad de corporaciones transnacionales, han sido fundamentales en la construcción de la narrativa que legitima el giro a la derecha: cobertura sesgada, criminalización de gobiernos progresistas y amplificación de escándalos —reales o inventados— para erosionar su legitimidad. 

A esto se suman las iglesias evangélicas como aparato de movilización electoral: pastores sionistas, articulados en redes transnacionales, presentan a los candidatos de derecha como «defensores de la fe» y a la izquierda como «enemigos de Dios e Israel».

 Esta manipulación religiosa se combina con campañas de desinformación en redes sociales, financiadas por actores externos y coordinadas con los medios corporativos. 

El resultado ha sido un ecosistema informativo distorsionado donde el voto popular se orienta hacia opciones que, una vez en el poder, aplican políticas de choque neoliberales y una alineación incondicional con Washington y Tel Aviv.

V. Resistencia

1. Autocrítica esencial y resistencia articulada

Este es un momento de necesaria autocrítica. Las explicaciones anteriores resultan insuficientes si no reconocemos que los movimientos de izquierda, afectados por la falta de unidad, protagonismo e ineficacia, debilitaron su vínculo con las bases populares, y que los gobiernos progresistas, arrastrando consigo contradicciones internas —corrupción, ineficiencia, dependencia del extractivismo—, crearon el caldo de cultivo para el voto de protesta.

Cuba, desde su realidad socialista, advierte de los peligros que entraña un bloqueo sin precedentes. No se presenta como una víctima pasiva, sino como un ejemplo de resistencia que se ve obligada a asumir todos los cambios internos necesarios para fortalecer su modelo socialista de participación popular.

La expansión israelí en América Latina, articulada a través de los Acuerdos de Isaac, el sionismo evangélico y la exportación de tecnología de vigilancia, no es un fenómeno secundario: es parte integral de la estrategia estadounidense de restauración hegemónica, con «Israel» como punta de lanza tecnológica, militar y diplomática. 

Comprender esta articulación es indispensable para cualquier proyecto de soberanía regional. 

La resistencia debe ser múltiple y abarcar cuatro ámbitos: el político (promoción de movimientos políticos y sociales para que ganen prestigio y fortalezcan sus relaciones con la población, y recuperación de la iniciativa en foros como la CELAC y la OEA, reconstruyendo el consenso diplomático que protegió a Cuba y Venezuela); el económico (desarrollo de alternativas al extractivismo y la dependencia de los mercados occidentales, fortalecimiento de la integración regional); el cultural (cuestionamiento del sentido común construido por los medios corporativos y las redes evangélicas, recuperación de narrativas de independencia, soberanía y justicia social); y el tecnológico (desarrollo de capacidades propias de ciberseguridad y defensa que no dependan de tecnologías israelíes y extranjeras diseñadas para la vigilancia y el control).

La batalla por América Latina no se libra solo en las urnas, sino también en los medios de comunicación, las iglesias, los movimientos sociales y políticos, las universidades y la capacidad de construir un proyecto alternativo que devuelva la esperanza a los pueblos. 

Sin esa batalla cultural y política, la marea de la ultraderecha seguirá avanzando, socavando la soberanía de la región y consolidando el bloque hemisférico alineado con Washington y Tel Aviv. Sin embargo, la resistencia ya está en marcha.

Bibliografía seleccionada

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