Hace 70 años, el 23 de septiembre de 1956, una patrulla de la Guardia Nacional (GN) capturó a mi abuelo el General Bonifacio Miranda Garay (1893-1956), quien trabajaba como administrador de la Hacienda la Pitahaya, en el municipio de Tecolostote, departamento de Boaco.
Mi abuelo cometió al error de creer que su captura era un asunto rutinario y por eso entregó su arma.
No estaba al tanto de los últimos acontecimientos ocurridos en el país, pues estaba en una zona lejana donde ni la radio se escuchaba.
Su captura, como la de muchos otros, fue parte de la represión generalizada de la dictadura somocista contra los opositores, después del ajusticiamiento del general Anastasio Somoza García, el 21 de septiembre de 1956.
Mi abuelo fue brutalmente torturado, castrado y finalmente asesinado por la patrulla de la GN al mando del coronel Otoniel Portillo González.
Ese día, como parte de la represión fue capturado también el poeta Ramon Orozco Arburola.
Ambos fueron asesinados en Tecolostote pero sus cadáveres fueron tirados al fondo de una mina abandonada en el municipio de la Libertad, Chontales, con el fin de ocultar los asesinatos.
Desde que mi padre tuvo conocimiento de su captura, inició una frenética búsqueda por los cuarteles de la Guardia Nacional, solicitando información sobre su paradero.
Finalmente, después mas de tres meses de búsqueda, su cadáver fue encontrado en relativo estado de conservación y pudo ser identificado.
Mi abuelo fue sepultado en el cementerio de Granada, el 31 de enero de 1957, en el mausoleo de mi tío abuelo Ernesto Garay Orozco. Con el tiempo sus restos fueron trasladados al mausoleo de la Familia Miranda Bengoechea, donde descansan.
Diferentes escritores han dicho que las personas mueren realmente cuando se les olvida.
Por mi parte, aunque parezca ridículo, mientras viva y posiblemente en el mas allá, nunca olvidaré al abuelo que no conocí, pero del cual heredé su nombre y conocí parte de su vida por los relatos de mi padre.
¡Honor y Gloria al general Bonifacio Miranda Garay!
