Es imposible no sentir indignación al observar la tragedia que vive Venezuela. El terremoto del pasado 24 de junio ha sido devastador, dejando miles de muertos y decenas de miles de familias atrapadas bajo los escombros. Sin embargo, mientras el suelo temblaba, no solo se derrumbaron los edificios; también se derrumbó la hipocresía de Estados Unidos.
Es imposible no ver esta catástrofe natural sin señalar a su principal agravante, la guerra económica de EEUU.
Es un dato que no puedo ignorar. Según datos internacionales hasta enero de 2026, Venezuela ha sido víctima de más de mil medidas coercitivas unilaterales.
Entre 2017 y 2024, este bloqueo le costó al país 226.000 millones de dólares, más del 200% de su Producto Interno Bruto, PIB. Son casi 80 millones de dólares perdidos cada día.
Duele pensar en lo que ese dinero podría haber significado para el pueblo, hospitales bien equipados, flotas de rescate, reservas para emergencias. Pero Venezuela es un país sancionado, de forma ilegal y brutalmente.
Me parece una crueldad inaudita que cosas tan básicas como comprar carpas para albergar a los sobrevivientes, adquirir medicamentos o importar maquinaria para remover escombros sea casi imposible debido al cerco a los mercados internacionales.
Negarse a levantar estas sanciones en medio de una tragedia humanitaria no es una postura política; es un acto de la barbarie imperialista.
Y para colmo, ¿cuál es la respuesta de Estados Unidos?
Mientras se niegan a levantar el castigo colectivo al pueblo venezolano, anuncian una supuesta "intervención humanitaria militarizada" junto al Comando Sur. No envía médicos, socorristas, equipo, alimentos, medicamentos y equipo médico, no, envían soldados.
¿Por qué, para qué?
Dicen que van a rescatar cuerpos y dar logística, pero es ingenuo creer que el envío de soldados estadounidenses a suelo venezolano tenga fines puramente altruistas; es la misma estrategia de siempre, estrangular al país para luego ofrecer una ayuda militarizada con la que pretenden seguir saqueándolo.
¿O es que van a verificar los resultados de una nueva arma de destrucción masiva?
No son buenos "samaritanos", e Incluso Trump se burló de los venezolanos diciendo que luego del terremoto estaban bailando en las calles de Caracas.
Lo más lamentable es la complicidad de los grandes medios de comunicación.
En lugar de denunciar este asedio económico que ha durado más de una década, repiten como loros que el colapso es culpa del gobierno revolucionario liderado por un presidente legítimamente electo y que se encuentra preso, de forma ilegal.
Ocultan deliberadamente que la decadencia material del país no es el resultado de una ideología, sino la consecuencia directa de un estrangulamiento financiero que ni siquiera esta terrible tragedia han logrado detener.
Ni siquiera dos terremotos, ni siquiera la muerte de miles de inocentes, ha servido para que EEUU levante estas injustas sanciones.
Mi solidaridad absoluta con el pueblo venezolano, que hoy no solo lucha contra los escombros, sino contra la cruel e injusta condena de un bloqueo que los asfixia.
Pero me provoca una pregunta, ¿Por qué quienes están al frente del gobierno venezolano permiten esa presencia militar por parte de quienes secuestraron a su presidente?
2 de julio 2026
