El rostro del presidente cuelga de edificios federales, su nombre avanza sobre instituciones públicas, su firma llegará a los billetes y sus aliados quieren colocar su imagen en una nueva denominación de 250 dólares.
Caminar por Washington empieza a parecerse cada vez más a recorrer una propiedad de Donald Trump.
Gigantescas pancartas con su imagen han aparecido en las fachadas de los departamentos de Justicia, Trabajo y Agricultura, su nombre ha sido incorporado a instituciones públicas, su imagen figura en documentos y productos oficiales promovidos por su administración, y el Air Force One está siendo repintado con los colores preferidos por el presidente.
Ahora, su firma llegará también al papel moneda estadounidense, mientras que sus aliados impulsan una iniciativa todavía más ambiciosa: imprimir su retrato en un nuevo billete de 250 dólares y, eventualmente, añadir su rostro al Monte Rushmore, el monumental conjunto escultórico situado en las Colinas Negras de Dakota del Sur, que exhibe los rostros de 18 metros de altura de cuatro presidentes estadounidenses: George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.
Por sí solas, cada una de estas iniciativas podría presentarse como simples extravagancias de un presidente conocido por su obsesión con su propia imagen, pero vistas en conjunto forman un patrón político.
Trump está trasladando al Estado la estrategia que utilizó durante décadas para construir su imperio empresarial: ocupar el espacio, repetir el nombre hasta convertirlo en una presencia inevitable y transformar cualquier institución, producto o edificio bajo su control en una extensión de su marca personal.
La diferencia es que esta vez no se trata de hoteles, casinos, campos de golf o productos comerciales. Se trata del gobierno de Estados Unidos.
De vender su nombre a estamparlo sobre el Estado
Durante décadas, Trump construyó su fortuna y su celebridad colocando su apellido sobre prácticamente cualquier producto susceptible de ser comercializado. Hubo torres, hoteles y casinos, pero también filetes Trump, vodka Trump, una aerolínea y la Universidad Trump. En muchos casos, el negocio ni siquiera consistía en poseer directamente los activos, sino en vender el nombre y convertirlo en una mercancía.
Desde su regreso a la Casa Blanca, esa lógica comercial se ha trasladado progresivamente al aparato estatal.
El Centro Kennedy y el Instituto de la Paz han sido asociados con el nombre del presidente, su imagen ha sido incorporada a un pasaporte conmemorativo por el 250 aniversario de la independencia estadounidense y a pases para parques nacionales, el estado de Florida cambió el nombre del Aeropuerto Internacional de Palm Beach en su honor, y grandes retratos del presidente han sido instalados sobre edificios gubernamentales en Washington.
En mayo, una pancarta de 9,5 metros con la imagen de Trump apareció en la fachada del Departamento de Agricultura. Junto a ella había otra imagen: la de Abraham Lincoln, fundador de esa institución.
La exhibición, acompañada del lema "Cultivando América desde 1862", costó 16.400 dólares a los contribuyentes.
El presidente también quiere estar en los billetes
El siguiente territorio de esta expansión de la marca presidencial es el dinero.
El Departamento del Tesoro anunció que Donald Trump será el primer presidente estadounidense en ejercicio cuya firma aparecerá en el papel moneda del país.
Su firma aparecerá junto a la del secretario del Tesoro, Scott Bessent, en los nuevos billetes de 100 dólares vinculados a la conmemoración del 250 aniversario de Estados Unidos.
Hasta ahora, los billetes estadounidenses incluían las firmas del secretario del Tesoro y del tesorero de Estados Unidos, pero no la del presidente.
Trump publicó recientemente una imagen del nuevo billete con su firma, convirtiendo nuevamente una decisión institucional en una oportunidad para proyectar su identidad personal sobre uno de los símbolos más reconocibles del Estado.
Durante décadas, Trump construyó su fortuna y su celebridad colocando su apellido sobre prácticamente cualquier producto susceptible de ser comercializado
Para su partido, sin embargo, una firma no es suficiente.
El representante republicano Joe Wilson, de Carolina del Sur, presentó un proyecto de ley para crear una nueva denominación de 250 dólares con el retrato de Trump, una cifra con la cual proponen simbolizar el 250 aniversario del país. La iniciativa, sin embargo, enfrenta importantes obstáculos legales.
El Código de Estados Unidos establece que “solo el retrato de una persona fallecida puede aparecer en la moneda y los valores de Estados Unidos”, por lo que el proyecto presentado en la Cámara de Representantes busca “crear una excepción para las personas que sean o hayan sido presidentes de Estados Unidos”.
Pero existe otro problema. La legislación federal establece las denominaciones monetarias que pueden emitirse y el billete de 250 dólares no aparece entre ellas.
Actualmente, el billete de 100 dólares, con el retrato de Benjamin Franklin, es la denominación más alta que imprime Estados Unidos. El país produjo en el pasado billetes de 500, 1.000 y 10.000 dólares, pero dejó de imprimirlos en 1969.
Pese a esos obstáculos, la maquinaria administrativa ya comenzó a moverse: la Oficina de Grabado e Impresión, dependiente del Departamento del Tesoro, ha solicitado propuestas y su personal preparaba prototipos del billete con el retrato y la firma de Trump.
Cuando fue consultado sobre la posibilidad de colocar al presidente en el papel moneda, Bessent defendió el proyecto. “No creo que haya nada inapropiado en que el presidente de Estados Unidos, la persona que era presidente de Estados Unidos en el billete del 250 aniversario, aparezca en esa moneda”, afirmó.
Consultado sobre si funcionarios designados políticamente habían participado en el proceso, respondió: “Sí, por supuesto. Pero nos preparamos para todo en caso de que se apruebe”.
El Departamento del Tesoro anunció que Donald Trump será el primer presidente estadounidense en ejercicio cuya firma aparecerá en el papel moneda del país
El desarrollo de un nuevo billete suele tardar años y requiere la participación de instituciones como la Reserva Federal y el Servicio Secreto.
Los diseños permanecen habitualmente en secreto durante gran parte del proceso. Según la Oficina de Grabado e Impresión, "los diseños de los billetes suelen hacerse públicos entre seis y ocho meses antes de su emisión con fines educativos para el público en general y para la formación de los operadores de efectivo".
"Hacerlo antes facilitaría la labor de los falsificadores y generaría confusión en el mercado, lo que disminuiría la confianza en la moneda estadounidense".
El Estado: la última propiedad de Trump
El debate sobre el billete de 250 dólares resulta más importante por lo que revela sobre el proyecto político de Trump que por las posibilidades reales de que esa denominación llegue algún día a circular.
El presidente y sus aliados parecen haber convertido progresivamente el aparato estatal en una gigantesca plataforma para reproducir su imagen y Trump conoce perfectamente el poder de esta repetición.
Durante medio siglo construyó su identidad pública colocando su apellido sobre torres, hoteles, casinos y productos comerciales, hasta convertir su propio nombre en el principal activo de su negocio.
Ahora dispone de una plataforma incomparablemente mayor: el gobierno federal.
La maquinaria estatal le ofrece edificios, documentos, instituciones, ceremonias, símbolos y recursos públicos capaces de proyectar su identidad en una escala que ninguna campaña publicitaria privada podría alcanzar.
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