La confrontación entre Estados Unidos y Cuba está entrando en una coyuntura muy peligrosa marcada por la posibilidad real que Trump desate una agresión armada contra la isla. Esta agresión casi seguramente tendría la forma de una invasión de los marines yanquis.
El presidente Donald Trump se juega su futuro político en la actual e impopular guerra de agresión contra Irán. Desde hace casi 40 días viene diciendo que "la guerra está prácticamente ganada", pero anda rescatando sus pilotos derribados sobre suelo iraní y evacuando sus bases militares en países del Oriente Medio. Sus declaraciones sobre el Estrecho de Ormuz se parecen cada vez más a las de la fábula de Esopo sobre la zorra y las uvas supuestamente verdes.
Todos dentro y fuera de los Estados Unidos se dan cuenta de su fracaso y predicen su derrota en las próximas elecciones de medio término - antesala de un juicio político en su contra y hasta la presentación de eventuales cargos por delitos de lesa humanidad.
Ante una situación así cabe esperar que Donald Trump adopte la irracional salida de intentar dar un golpe de mano que pueda presentar como una victoria ante propios y extraños.
El sentido común debería indicarle al presidente estadounidense que lo más provechoso sería aceptar la soberanía de Cuba y desarrollar la cooperación con la isla en torno a temas como la seguridad, la lucha contra el narcotráfico y el control de los flujos migratorios. Todo esto le ofrece Cuba. El Caribe no necesita otro Haití - y mucho menos los Estados Unidos.
Sin embargo, ese sentido común corre el serio riesgo de quedar fuera de juego en una superpotencia cuya política exterior se encuentra secuestrada por intereses inescrupulosos como los del sionismo israelí y la mafia anticubana del Sur de la Florida.
Eso es lo que Trump ha hecho al seguir la pésima idea de Benjamín Netanyahu de atacar a Irán y al confiar el Departamento de Estado a nada más ni nada menos que Marco Rubio.
Debemos tener muy en claro que una agresión militar contra Cuba sería cualquier cosa menos un pícnic de domingo.
En primer lugar, se trataría de una invasión ya que no hay operación quirúrgica que valga, porque Cuba no es Venezuela. Una remoción de cualquier parte del aparato de poder en la isla solamente traerá más desestabilización a un lado y otro del estrecho de la Florida. Al parecer Trump no ha asimilado la amarga lección de que quien pone botas sobre el terreno debe prepararse para gobernar: Si los marines yanquis ponen sus botas sobre Cuba, enfrentarán un desgobierno generalizado.
Si en Venezuela había un objeto político tangible, el petróleo, en Cuba el objeto es la cubanía misma, es decir la existencia del pueblo cubano como nación. Para que la oligarquía y las transnacionales estadounidenses recuperen lo que tenían durante la dictadura de Batista, habría que despojar a todo un pueblo de sus viviendas y de sus medios de subsistencia.
Para "extirpar" el "comunismo" de Cuba habría que enlutar a la mayoría de las familias cubanas, porque en todas ellas hay miembros del Partido, de la Juventud, de las Organizaciones de Masas, etcétera. Obviamente, el pueblo cubano no toleraría semejantes crímenes ocupando el papel de mera víctima pasiva: ofrecería una resistencia de la que no parece consciente el inquilino de la Casa Blanca.
En Cuba no hay "salida" por medio de secuestro del mandatario, como fue el caso del presidente Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores en Venezuela. Tampoco se podría dar el caso de un secuestro como el de Manuel Noriega en Panamá en 1989.
El poder en Cuba no está distribuido en feudos sino centralizado en un mando único que tiene prioridades e ideas y mecanismos claros en cuanto a la descentralización y delegación de funciones. Es un mando que basa su organización en acuerdos ampliamente discutidos y conocidos por la propia población, que además está preparada militarmente.
La doctrina de defensa de Cuba se basa en el concepto de Guerra de Todo el Pueblo, en el que no solamente las Fuerzas Armadas participan, sino el pueblo todo defendiendo su sistema de gobierno. Esta doctrina ha sido exitosamente puesta a prueba en numerosas ocasiones, entre las que destaca la defensa ante la invasión mercenaria de Playa Girón en 1961. Otro ejemplo exitoso lo fue la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias de la CIA en la década de los años 60.
El concepto integral de la defensa en Cuba no abarca solo lo militar, sino también áreas tan sensibles para la vida del pueblo como la salud y la defensa civil contra los desastres naturales, como los huracanes que año con año afectan a la nación caribeña. El pueblo cubano ha desarrollado una experiencia de generaciones en como hacer frente a estas situación en colaboración con sus autoridades.
Además, la capacidad militar del pueblo cubano no solo está relacionada con su integración al ejército y a las milicias, sino también a la experiencia propia de participación en misiones internacionalistas como la que derrotó al régimen del Apartheid en Namibia y en Angola.
Son decenas de miles de cubanos que hoy en día en las más diversas ramas de la actividad cuentan sus experiencias de esas gestas a las jóvenes generaciones. Es todo un acervo de orgullo patriótico que sigue vivo en el pueblo cubano.
No fueron solamente los 32 héroes cubanos caídos resistiendo la operación de secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela. Fueron los cubanos que ofrendaron sus vidas defendiendo la construcción de un aeropuerto en la Grenada invadida por Estados Unidos en 1982, los que defendieron la embajada cubana en Santiago en el golpe contra Allende en 1973. El pueblo cubano sabe muy bien lo que significa defender su soberanía dentro y fuera de sus fronteras.
En una de mis visitas a la isla hace ya más de 20 años, en los días de la guerra de Irak y de la amenaza de George W. Bush que había señalado a la isla como parte del "eje del mal", ya toda la población había participado en maniobras masivas de preparación ante una invasión y había recibido entrenamiento en el manejo de armas convencionales y no-convencionales de guerra de guerrillas urbana y rural. Esas capacidades se han venido afinando y fortaleciendo con los años.
No se debe confundir el cansancio y el hartazgo de tantos cubanos tras más de 6 décadas de bloqueo con un clima insurreccional contra el gobierno. Una parte mayoritaria del pueblo cubano sin pensarlo dos veces se levantaría contra los marines invasores, y la parte que no se alce, démoslo por seguro que preferiría confiar mil veces en el compromiso de su gobierno que en unos cantos de sirena de Miami que desde siempre no han hecho más que demostrarles que les desean la muerte.
Por último, si una eventual invasión estadounidense a Cuba probablemente sería rechazada por el pueblo norteamericano, este rechazo sería particularmente fuerte en la diáspora cubana joven en Estados Unidos que ve como se les niega el derecho a comunicarse y apoyar a sus familiares en la isla. El exilio fanático y fascistoide que demanda una intervención es hoy en día una especie en extinción en La Florida, pero Trump parece estar enceguecido por las mentiras que le cuenta su Secretario de Estado.
Si Trump decide invadir a Cuba, debe prepararse para perder muchos soldados en una guerra que será prolongada y costosa por una isla sin mayores recursos materiales pero con amplios recursos morales. También debe prepararse para librar su última batalla en la propia tierra firme de la Unión Americana, porque habría encendido la mecha de la debacle final del imperio.
https://telegra.ph/Cuba-y-la-irracional-ca%C3%ADda-hacia-adelante-de-Donald-Trump-04-03

