Las controversias entre Roma y Washington acentúan la fractura de los partidarios del mandatario norteamericano ante los conflictos globales.
El choque público entre el presidente estadounidense Donald Trump y el papa León XIV profundiza las tensiones en la relación entre Roma y Washington, pero también expone algunas grietas internas de fuste en la política conservadora norteamericana, que hasta podrían influir en las próximas elecciones de medio término.
Mientras El Vaticano intensificó sus críticas hacia las guerras y las intervenciones militares, especialmente en Irán, Líbano y Gaza, Trump respondió con una virulencia inédita, calificando al líder de la Iglesia Católica como "terrible para la política exterior" y difundiendo imágenes que lo representan en el lugar de Jesús.
"León debería usar el sentido común, dejar de atender a la izquierda radical y centrarse en ser un gran papa, no un político", dijo el presidente estadounidense.
El pontífice, por su parte, respondió que "no le teme a la administración Trump".
“Uno de los puntos de mayor tensión entre el papa y el mandatario es la denominada Doctrina Donroe, una actualización de la Doctrina Monroe impulsada por la actual administración para afirmar una dominación estadounidense incuestionable sobre el Hemisferio Occidental”, consigna el sociólogo Fortunato Mallimaci, profesor de Sociología y Religión en la Universidad de Buenos Aires.
"León debería usar el sentido común, dejar de atender a la izquierda radical y centrarse en ser un gran papa, no un político", dijo el presidente estadounidense
León XIV desafió abiertamente esta visión, lamentando que "una diplomacia que promueve el diálogo esté siendo reemplazada por una diplomacia basada en la fuerza".
Por eso, Mallimaci considera que el primer papa estadounidense “fue mucho más lejos que Francisco” en su promoción de la paz global. “Les dijo en la cara a los poderes en guerra que no son nadie para decidir la muerte de millones”, ilustra el investigador.
Este desafío provocó una reacción sin precedentes del Pentágono. Funcionarios de alto nivel convocaron al embajador vaticano, el cardenal Christophe Pierre, para exigirle que la Iglesia se alineara con los intereses de Washington.
La consternación en Roma fue tal que el papa rechazó la invitación para el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, eligiendo en su lugar viajar a la emblemática isla de Lampedusa el venidero 4 de julio, para solidarizarse con los migrantes y quizás dejar claro que no se apartará notablemente del magisterio de Francisco.
Profetas y políticos
Pero detrás del intercambio cada vez menos diplomático entre la Casa Blanca y la Santa Sede se libra una guerra identitaria dentro de la propia base conservadora que llevó al poder al presidente estadounidense.
La distancia cada vez mayor entre los dos líderes mundiales debilita la cohesión de la ultraderecha en Estados Unidos, dividida en dos expresiones que hoy parecen irreconciliables.
Por un lado, se ubica el ala "America First", cada vez más influenciada por un aislacionismo que rechaza las "guerras eternas" y que encuentra en el discurso pacifista del Vaticano un eco inesperado. Aquí revisten varios influencers y dirigentes públicos, otrora trumpistas acérrimos, muchos de ellos, conversos al catolicismo.
Nick Fuentes, Megyn Kelly o Candace Owens son algunos de ellos. Seguidos por millones en sus canales de YouTube, operan en espacios distintos dentro del ecosistema conservador, pero convergen en una retórica de confrontación con el establishment y un uso identitario de la religión.
Aunque promovieron a Trump, su identidad católica y su rechazo a Israel los alejó de las posiciones del magnate.
En el otro rincón se ubica la rama preminentemente evangélica, autores intelectuales del Make América Great Again (MAGA), cuya columna vertebral sigue siendo un sionismo cristiano inquebrantable, que ve en el apoyo total a Trump y en la defensa militar y territorial del Estado judío requisitos proféticos para la segunda venida de Cristo.
Tras la muerte de su fundador Charlie Kirk, la organización Turning Point USA continúa en el centro evangélico de MAGA, aunque su seno también mostró divergencias internas entre quienes quieren mantener una coalición amplia y quienes exigen más pureza ideológica y religiosa.
Hacia las elecciones de medio término, candidatos alineados con la primera visión están compitiendo contra los candidatos "oficialistas" de Trump en varios distritos, acusándolos de ser "neoconservadores disfrazados de rojo" y “gays por Israel”.
La controversia con el papa puso las lealtades religiosas por encima de las políticas y determinó un punto de no retorno entre las relaciones de estas corrientes y el presidente que ayudaron a llegar al poder.
Detrás del intercambio cada vez menos diplomático entre la Casa Blanca y la Santa Sede se libra una guerra identitaria dentro de la propia base conservadora que llevó al poder al presidente estadounidense
Bajo un mismo techo: el supremacismo
Pese a las diferencias teológicas, una visión de supremacismo que instrumentaliza la fe como barrera de exclusión amalgama a los sectores radicalizados de ambos bandos.
Para las dos facciones, el cristianismo es una marca de identidad nacionalista y racial que debe ser protegida frente a lo "ajeno".
No obstante, es precisamente en este punto donde los propagandistas católicos del movimiento America First chocan frontalmente con las puertas del Vaticano.
Discursos como los de J.D. Vance (vicepresidente de Trump y católico) son controvertidos para muchos otros fieles de la iglesia romana.
“Sostienen un supremacismo difícil de digerir para el catolicismo”, sintetiza Malimacci.
Mientras la retórica de la extrema derecha se construye sobre la jerarquización y el rechazo al migrante, “la doctrina social de la Iglesia y el magisterio romano, especialmente post Francisco, insisten en la imago Dei. En castellano, la idea de que cada ser humano posee una dignidad intrínseca e igualitaria”, define el sociólogo.
La controversia con el papa puso las lealtades religiosas por encima de las políticas y determinó un punto de no retorno entre las relaciones de estas corrientes y el presidente que ayudaron a llegar al poder
Adentro también
"Me gustaría ser Papa". Con esas palabras reaccionó Donald Trump al enterarse que el estadounidense Robert Prevost había sido ungido como el 267º papa de la Iglesia católica.
A la hora de elegir su nombre, Prevost reivindicó el legado de León XIII y su encíclica Rerum Novarum, el documento fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia, un conjunto de enseñanzas, principios éticos y directrices “no sólo apuntado contra el comunismo, como se cree habitualmente, sino también con un fuerte componente anti-liberal”, asegura Mallimaci.
Pero el actual León no era el único candidato norteamericano al pontificado. Otros estadounidenses picaron en punta en las no siempre beatas apuestas papales.
Se trataba de cardenales identificados con corrientes autodenominadas tradicionalistas dentro de la Iglesia Católica. Es que el episcopado estadounidense muestra una fuerte división entre facciones tradicionales y progresistas, con una mayoría inclinada hacia el pensamiento de Juan Pablo II y Benedicto XVI antes que al de Francisco.
Para Mallimaci, se trata de catolicismos de algún modo adaptados a la cultura hegemónica de los Estados Unidos, que tiene a la prosperidad como eje. “Están insertos en la cultura WASP (blanca, anglosajona y protestante; en inglés) cuyo influjo opera sobre toda la sociedad y que se respalda en los grandes grupos económicos”, explica.
Pero “no hay nada monolítico en el catolicismo”, por lo que no se podría identificar a la Iglesia estadounidense como alineada completamente con el conservadurismo, apunta Mallimaci, que también cuestiona el mote de “tradicionalistas”. “La tradición cristiana es la de la universalidad, el amor por los vulnerables, los desprotegidos y los descartados por la sociedad”, enumera.
"Me gustaría ser Papa". Con esas palabras reaccionó Donald Trump al enterarse que el estadounidense Robert Prevost había sido ungido como el 267º papa de la Iglesia católica
“Al menos desde el Concilio Vaticano II ha habido esa tensión en todo el mundo y de hecho hubo algunos actos considerados casi de cisma, que inclusive derivaron en excomuniones”, consigna María Bargo, Doctora en Antropología Social e investigadora sobre catolicismo en Latinoamérica.
“Estos grupos suelen acusar a las posiciones más progresistas de ser las responsables de la pérdida de católicos”, sigue, “pero es una crisis de las instituciones en general y no solo de la Iglesia”.
Ni Mallimaci ni Bargo consideran que esos grupos sean homogéneos. Ambos investigadores ponen énfasis en los matices. “Hay algunos más metidos en el sistema, y otros mucho más de resistencia o con posiciones más radicales”, dice la investigadora.
Mientras algunos conservadores presentan críticas veladas y otros explícitamente avivan el sedevacantismo (corriente integrista que sostiene que el papado está vacante), la muerte de Francisco “les dio mayor libertad para elegir cómo ser católicos”, estima Bargo.
Sin embargo, dentro del catolicismo del norte, la corriente que mayor ruido mediático genera, alineada a veces de forma abierta a la ultraderecha y de la mano de algunos notables oradores públicos, es la conservadora.
Con un sistema de medios afines que abarca desde publicaciones sobre estilo de vida hasta apps de oraciones guiadas, como Hallow, los conservadores apuntaron a conseguir numerosas conversiones, en el marco de una estrategia general de engorde que demostró ser exitosa.
Dentro del catolicismo del norte, la corriente que mayor ruido mediático genera, alineada a veces de forma abierta a la ultraderecha y de la mano de algunos notables oradores públicos, es la conservadora, consigna María Bargo
Quién paga
Mientras los influencers actúan como amplificadores mediáticos en la guerra cultural, muchos se refugian bajo el paraguas financiero y estratégico de figuras como Peter Thiel, mega donante republicano que admite a quien quiera oirlo que busca redefinir el orden constitucional estadounidense bajo un modelo autoritario y nacionalista.
Thiel es el mentor financiero que catapultó la carrera de Vance al Senado y luego a la Casa Blanca.
Para Mallimaci, la cercanía de los mega-ricos con algunas expresiones del catolicismo no es una sopresa: “El tema del financiamiento siempre estuvo muy presente en la Iglesia. De hecho, es uno de los factores de la renuncia de Benedicto XVI”, historiza.
“A medida que los estados nacionales resignaron sus compromisos de sostenerla, la Iglesia siempre buscó nuevos esquemas financieros”, explicó. Algunos tuvieron finales escandalosos, como el lavado de dinero de la mafia, la implicación en el colapso del Banco Ambrosiano (1982) o los Vatileaks, que revelaron corrupción y falta de transparencia.
Y para el sociólogo, el coqueteo con determinadas fuentes de financiamiento “puede traer condicionamientos pastorales”.
En paralelo, el rol de Thiel y su empresa Palantir en el genocidio de Gaza representa la antítesis del magisterio de Roma.
Mientras León XIV intensificó sus llamados a un cese al fuego y hasta exigió una moratoria global sobre el uso de la Inteligencia Artificial en combate, la firma consolidó una "alianza estratégica" con el Ministerio de Defensa de Israel para proporcionar la infraestructura tecnológica de la guerra, incluyendo plataformas de IA que, en palabras de sus propios ejecutivos, buscan "optimizar la cadena de letalidad" (kill chain) sobre objetivos civiles.
“La política mesiánica de Trump ha fortalecido a la ultraderecha en la región, y ha alentado la participación política en nuestros países de los movimientos evangélicos pentecostales, que apoyan a la política supremacista y genocida de Netanyahu en Israel”, dijo el ex canciller y actual diputado argentino Jorge Taiana
¿Y para nosotros qué?
Mientras América Latina continúa siendo el bastión del catolicismo social, se registra un crecimiento exponencial de las iglesias pentecostales y neopentecostales que algunos sectores políticos vinculan a la influencia estadounidense.
“La política mesiánica de Trump ha fortalecido a la ultraderecha en la región, apoyando los candidatos más reaccionarios, al tiempo que ha alentado la participación política en nuestros países de los movimientos evangélicos pentecostales, que comparten el mesianismo de Trump y sobre todo el apoyo a la política supremacista y genocida de Netanyahu en Israel”, le dijo a Diario Red el ex canciller y actual diputado argentino Jorge Taiana.
Bargo advierte que si bien “en la última década crecieron vertientes evangélicas ligadas a lo político y que apoyan o trabajan en sintonía con líderes políticos de características mesiánicas”, no todas necesariamente son importadas o responden a un plan imperial contrapuesto a la visión de la "patria grande”.
Ese alza “responde a un montón de necesidades que ni la Iglesia ni el Estado pueden atender” efectivamente, reflexiona.
El catolicismo es la religión mayoritaria en casi todos los países de Latinoamérica, pero “si bien es cierto que existió históricamente una tendencia social, de izquierda, también hubo sectores más conservadores, aliados por ejemplo, a las dictaduras del cono sur”, matiza la antropóloga.
https://www.diario-red.com/articulo/internacional/altar-trono-papa-trump-cisma-derecha-maga/20260414035058067733.html
