Palestina: Masacre de Hebrón de 25/02/1994

Palestina: Masacre de Hebrón de 25/02/1994

El exilio bielorruso de Wagner

Desde la nueva e improvisada base de su ejército privado, en un semiexilio que afirma será solo temporal, Evgeny Prigozhin se ha dirigido por primera vez a sus soldados.
  El mensaje era, a la vez, una bienvenida a su tropa en esta nueva, y espera que breve, fase en Bielorrusia, como una declaración al mundo que el propio Prigozhin se ha encargado de distribuir por medio de sus canales afines. Desde que sus intervenciones en el extranjero ganaron presencia, la comunicación ha sido una parte importante de la estrategia de Wagner, primero sin excesivo protagonismo para su dueño y, más adelante, con un tono abierto de enaltecimiento de Prigozhin como líder absoluto. 

Esa importancia ha crecido de forma exponencial en el último año y especialmente desde que la batalla por Artyomovsk, liderada por la infantería de Wagner, hizo de la empresa militar privada protagonista de la única batalla en curso en Ucrania. Prigozhin utilizó la batalla de Artyomovsk de forma informativa y política.

Después de las dos derrotas del otoño de 2022, Rusia precisaba de una victoria y la prensa se centró en los soldados de Wagner, siempre accesibles ante los periodistas y dispuestos a escoltar a los medios de comunicación a las cercanías de la batalla real, para relatar, con cierto tono épico, el desarrollo de la guerra. 

Pese a las declaraciones de Prigozhin, que intentó otorgarse a sí mismo y a su ejército el logro -cuestionable en cualquier caso teniendo en cuenta el tiempo empleado, las bajas sufridas y la destrucción causada por la batalla- de la captura de Soledar, las tropas de Wagner nunca lucharon en solitario

Prigozhin retorcía la realidad al afirmar que solo Wagner luchaba en la zona cuando, en realidad, paracaidistas y otras unidades rusas participaban también en la lucha. 

Lo mismo ocurrió en Artyomovsk, una batalla mucho más importante con la que el dueño de la empresa militar privada, que técnica y administrativamente ni siquiera existe, quiso transformar el protagonismo mediático en una presencia política acorde a la importancia que ha imaginado tener en las estructuras militares rusas.

El motín del día 24 de junio, el proceso de negociación que impidió que se llegara al punto de no retorno de una batalla y todo lo ocurrido desde entonces refleja la importancia real de Wagner para el Estado ruso. 

En un texto publicado por uno de sus medios afines, Wagner intenta explicar su razón de ser y apunta cuál puede ser su futuro. Prigozhin y su ejército han afirmado siempre ser soldados del presidente Vladimir Putin, una forma de declarar su lealtad a una parte del Estado, pero dejando la puerta abierta a renegar de otra. 

Las iras de Prigozhin se han dirigido siempre al Ministerio de Defensa, especialmente al ministro Sergey Shoigu y al jefe del Estado Mayor Valery Gerasimov. 

Los roces no son nuevos y no se deben únicamente a la supuesta falta de munición para la lucha en Artyomovsk que durante semanas denunció, de forma cada vez menos educada, Evgeny Prigozhin.

El primer choque frontal entre los intereses de ambas partes se produjo en 2018 en Siria, cuando las tropas de Wagner y sus aliados sirios trataron de asaltar posiciones controladas por Estados Unidos y sus aliados.

 Por medio de las vías habituales de comunicación entre los dos países -de los cuales solo Rusia está en Siria de forma legal, invitada por el Gobierno internacionalmente reconocido-, los mandos estadounidenses contactaron con los rusos en busca de respuesta a la pregunta de si eran tropas rusas las que atacaban sus posiciones.

 Ante la negativa del mando ruso en Siria, Estados Unidos optó por hacer de esas tropas un ejemplo y utilizó todos sus medios para dar una lección y una advertencia en forma de una masacre en la que utilizó unos medios muy por encima de las racionalmente necesarias. 

En Estados Unidos, hay quienes quisieron ver en este enfrentamiento la primera batalla entre tropas rusas y estadounidenses desde Vietnam y un episodio en el que posiblemente Estados Unidos asesinara a más soldados rusos que en cualquier episodio de la Guerra Fría. 

La actitud del mando ruso en Siria y del Ministerio de Defensa en Moscú, por acción u omisión, supuso también una advertencia a Wagner y una forma de recalcar a la compañía su posición en la escala del poder militar.

Prigozhin ha visto en la guerra en Ucrania el escaparate perfecto para lanzar finalmente su reto al Ministerio de Defensa tras un conflicto latente que las autoridades militares del país han dejado crecer hasta que explotó pública e internacionalmente con un vídeo plagado de exabruptos en el que el dueño de Wagner se despachaba contra todo el establishment militar y denunciaba, no solo la falta de munición para sus tropas -un problema logístico que no solo se limita a Wagner-, sino la corrupción del sistema. 

En la reunión celebrada en el Kremlin solo cinco días después del fallido motín, Wagner insistió en su disponibilidad a continuar sirviendo al país y a su presidente, algo presente en el ideario de la empresa desde sus orígenes. En un documento manuscrito y firmado por Prigozhin y Utkin, dos de los tres fundadores de Wagner, uno de los puntos era precisamente la lealtad a “VVP”, Vladimir Vladimirovich Putin, y al Estado.

Sin embargo, esa lealtad no se extiende al Ministerio de Defensa, contra el que Prigozhin continúa su particular cruzada. 

Restando importancia a la marcha del país, Prigozhin insistió en su mensaje en Bielorrusia en su severa crítica al mando militar. 

Desde que saliera de la sombra a la que él mismo se había condenado tras años de negar su papel en Wagner y a la propia existencia de este ejército privado, Prigozhin ha trabajo en la creación de un personaje que contraste con las formas del Ministerio de Defensa y de su ministro. 

El lenguaje, crecientemente vulgar, utilizado en sus videocomunicados contra Shoigu o en sus visitas a las cárceles, cuyas imágenes fueron filtradas por el equipo de comunicación de Wagner, busca colocarse como hombre del pueblo, un exconvicto hecho a sí mismo frente a quienes han pasado años dentro de las obsoletas, según Prigozhin, estructuras militares de un Estado que necesita la participación de Wagner para su esfuerzo bélico.

Ante sus soldados y su aparato de comunicación, Evgeny Prigozhin anunció una estancia breve en Bielorrusia y apuntó a África como el siguiente destino de la empresa. 

La realidad es que la presencia de Wagner, en ocasiones de la mano del Estado y en otras en aventuras económicas que únicamente benefician a Prigozhin y su círculo más cercano, sigue siendo necesaria para Rusia, que en las actuales condiciones difícilmente podría sustituir a las agrupaciones de Wagner en países como República Centroafricana, Libia o Mali.

 Rusia tampoco puede permitirse renunciar al numeroso ejército que ha logrado crear Prigozhin, en gran parte con la connivencia del Estado, que le ha abierto las puertas de la cárcel, principal fuente de reclutamiento. De ahí el aparentemente fallido intento de Vladimir Putin de mantener el grupo íntegro y sin más cambios que la subordinación de las tropas al Estado en lugar de al dueño de la empresa.

Aunque la situación cuenta con más dudas que certezas, es evidente que Wagner ha entregado al Ministerio de Defensa el armamento pesado con el que contaba y que, parcialmente desarmado, el grueso de los soldados que han sobrevivido a la batalla se encuentra ahora en territorio bielorruso. 

Sin embargo, es igualmente evidente que el Ministerio de Defensa intenta recuperar a parte de esas tropas. 

Se ha mencionado la cifra de 30.000 efectivos que habrían aceptado la oferta de las estructuras militares para continuar con su servicio, una cifra que Wagner niega. Con la publicación de una entrevista a uno de sus comandantes, la empresa ha querido desmentir esa cifra y negar que una parte significativa de las tropas desmovilizadas hayan optado por firmar un contrato con el Estado.

Prigozhin ha insistido también en el mensaje con el que dio inicio al motín del 24 de junio, cuando afirmaba que el frente había colapsado y que Shoigu y Gerasimov mentían en su análisis del frente al presidente Putin. 

En su mensaje bielorruso, el dueño de Wagner deja abierta la puerta al retorno de la empresa al frente ucraniano, eso sí “cuando no tengamos que avergonzarnos a nosotros mismos”. Sin dar más detalles, Prigozhin insistió en que “lo que ocurre en el frente es una vergüenza con la que no tenemos nada que ver” en su intento de presentar la ausencia de Wagner como una salida voluntaria y no como la consecuencia de un movimiento político y militar que simplemente salió mal.

 Prigozhin no retiró a sus tropas para rescatarlas de una situación injusta en la que estaban siendo utilizadas como carne de cañón. 

Esta semana, Wagner ha publicado sus cifras de bajas, que incluyen 22.000 fallecidos, la inmensa mayoría en una única batalla, una cifra que Prigozhin tiene interés en exagerar, por lo que ha de ser tenida en cuenta simplemente como una comunicación de parte. 

Sin embargo, como pudo verse en las imágenes en las que explicaba a los presos que sus posiciones serían de primera línea, en las que la muerte es una posibilidad real, Prigozhin siempre supo cuáles eran las condiciones y nunca se quejó de la táctica. Su queja fue la falta de munición, un argumento que, como pudo verse el 24 de junio, escondía realmente unas aspiraciones políticas personales al margen del bienestar de las tropas e incluso a costa del esfuerzo bélico del Estado al que dice defender.

En una de las comunicaciones publicadas esta semana, Wagner afirma que es la ideología -el nacionalismo ruso, que ni siquiera es ya la única ideología presente en el grupo teniendo en cuenta que la empresa ha tenido que abrirse a un reclutamiento masivo que hace imposible realizar un perfil ideológico de los aspirantes- la que diferencia a la empresa de otros con las que suele ser comparada, fundamentalmente Blackwater y Executive Outcomes, pionera en la privatización de la guerra en África en los primeros años posteriores al final de la Guerra Fría. 

En los años en los que teniendo presencia militar y empresarial en países como Siria, Libia, Sudán, Madagascar, República Centroafricana o Ucrania, Wagner, y especialmente Prigozhin, han mostrado interés únicamente por dos aspectos: una supuesta lealtad personal al presidente Putin y el enriquecimiento a costa de los recursos naturales de los países en los que ha logrado contratos y donde ha buscado también convertir la presencia militar y económica en influencia política. 

El primer aspecto apunta a un intento de convertir a la empresa en una especie de guardia varega, la guardia vikinga del emperador bizantino. 

La segunda, la sed de riqueza y la ambición política en nombre de garantizar a Rusia la presencia exterior que se espera de una gran potencia, recuerda a la Compañía de las Indias Orientales, un ejército que se convirtió en Estado, más que a Blackwater, un ejército al servicio de un Estado.

 Eso sí, Wagner ha heredado de Executive Outcomes, una empresa formada a partir de los restos del ejército de la Sudáfrica del Apartheid, el modus operandi de ofrecer sus servicios de combate o pacificación a cambio de concesiones mineras.

https://slavyangrad.es/2023/07/22/el-exilio-bielorruso-de-wagner/

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