17 de marzo de 2017

Los humanos fueron los responsables de que el Sahara se convirtiera en desierto


El Sahara, el desierto más gran del mundo, no siempre fue la región árida que hoy vemos. Hace más de 10.000 años, la gigantesca extensión de la que se adueñan las dunas fue un prado verde salpicado de lagos.

El drástico cambio en el paisaje se solía achacar a una alteración en la órbita de la Tierra, pero una nueva hipótesis sugiere que los seres humanos estuvieron detrás de que las lluvias dejaran de llegar a la zona. 

David Wright, arqueólogo de la Universidad Nacional de Seúl, plantea en un artículo publicado en la revista Frontiers que nuestra especie tuvo un papel fundamental en la creación del desierto.

Su hipótesis se basa en que el debilitamiento de las precipitaciones que traían los vientos monzones coincide, sospechosamente, con la migración humana masiva hacia la región hace 8.000 años .

 El registro fósil evidencia los primeros signos de pastoreo en esas fechas. 

Su idea apunta a que conforme las poblaciones introducían la agricultura y el ganado, la superficie verde se reducía. 

El suelo despejado pudo reflejar una mayor cantidad de luz solar, lo que influyó en las condiciones atmosféricas que terminaron frenando las lluvias del monzón.

La teoría de que las poblaciones humanas pueden reducir con la actividad las precipitaciones ya ha sido planteada anteriormente. 

"En Asia oriental hay teorías bien establecidas de cómo las poblaciones neolíticas cambiaron el paisaje tan profundamente que los monzones dejaron de penetrar en el interior", escribe Wright.

El Sahara, que era una región diez veces más húmeda de lo que es ahora, podría haber sufrido su transformación debido a los impactos de los humanos sobre la ecología. Lo único que se sabe con seguridad es que desde entonces ya nada florece.