11 de marzo de 2017

Guatemala: Hogar Seguro: Fallecidas huían de la violencia y de la precariedad



Decenas de familias empezaron ayer a dar el último adiós a la treintena de niñas que murieron quemadas en el albergue, mientras el presidente, Jimmy Morales, reconoció la responsabilidad del Estado en esta tragedia que golpea a su Gobierno.

Las familias y la sociedad lamentan las muertes, piden justicia y exigen la renuncia del presidente por el incendio. (Foto Prensa Libre: E. Paredes)


“Se tomó la decisión de separar a todos los niños y adolescentes para que no estuvieran hombres y mujeres juntos (...) y evitar agresiones entre sí (...). Estuvo bajo las medidas de seguridad necesarias incluida la llave”, admitió el mandatario en una entrevista con CNN en Español.



Quería ayudar a su abuela


Grindy Yasmín, de 14 años, falleció, en tanto su hermana Gilma Sucely, 15, todavía no es ubicada. (Foto Prensa Lire: Érick Ávila

Madelyn Hernández Hernández, de 13 años, era una niña a la que le gustaban las bromas, ser sociable. Pero su prioridad, ante todo, era estudiar y trabajar para ayudar a su abuela, quien era como una madre para ella, ya que la crio desde los 4 años junto a su hermana.

María Antonia García, de 72 años, abuela de Madelyn, dijo, mientras acariciaba una fotografía de su nieta, que ella fue quien se entregó al hogar. “No es un perro al que le han quitado la vida; fue a una niña. Pero igual si a un perro se le llora, ahora para una niña imaginen el sentimiento. Exijo justicia”, exclamó María García, abuela de Madelyn, fallecida en el incendio.

Agregó que su nieta le contó, en la última visita que le hizo, que en el hogar les daban comida con gusanos y que las golpeaban.


Rosa Julia fue internada por su madre para “protegerla” de violencia


Rosa María Tobar, madre de Rosita, quien falleció por quemaduras en el incendio en el Hogar Seguro, pidió a gritos justicia durante el sepelio. (Foto Prensa Libre: E. Paredes)


Rosa Julia Espino Tobar, de 16 años, soñó siempre con ser una secretaria, para ayudar a su madre, Rosa María Tobar. “La última vez que platicamos me dijo: Mamita, quiero ser una gran secretaria y ayudarte para que salgamos adelante. Yo le respondí: No tengas pena, que ya estoy vieja”, narró Tobar, mientras se aferraba al féretro de seda blanca.

También explicó que hace cinco meses rogó a la Procuraduría General de la Nación (PGN) que la internaran para protegerla por la inseguridad que se vive en el país.

La decisión la tomó porque sufrió una fractura en el tobillo y la tuvieron que ingresar en el Hospital San Juan de Dios.

Por ser diabética, su situación se complicó hasta el punto de entrar en coma. “Abusaban de mi bebé. La PGN se llevó a una niña llena de ilusiones, quería ser algo en la vida. Ahora me entregan un cadáver carbonizado. Me la arrebataron”, remarcó.

Agregó que el próximo 20 de marzo tenía una cita con el juez para confirmar la fecha en que Rosita, como la llamaba, regresaría a su casa.

Una de sus compañeras de estudios contó que la menor era amigable y que siempre la ayudaba con su tarea.

“Recientemente le había preguntado a su mamá por ella, pero me dijo que estaba lejos”, narró.

Rosita vivió por más de 15 años en Lomas de Santa Faz, zona 18.



Hermanas “rebeldes” fueron entregadas por su madre

Madre pide que se castigue a los culpables. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

La incertidumbre y tristeza eran los sentimientos que vivía ayer la familia de Grindy Yasmín y Gilma Sucely Carías López, de 14 y 15 años.

De las hermanas, stolo el cuerpo de Yasmín había sido entregado, mientras el de la mayor no había sido identificado hasta ayer.

Los restos de Yasmín fueron velados ayer en una humilde vivienda que se ubica en el Barrio Latino, en la cabecera departamental de Jutiapa.

Agobiada por la culpa y el dolor, María Odilia López, 45, y madre de las menores, relató que esta era la tercera ocasión en que sus hijas estaban en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

“Esta era la tercera vez que entraban en ese centro. Yo ya no podía con ellas, porque eran muy rebeldes, y por eso busqué ayuda. Esta culpa me mata y me entristece”, comentó López.

La madre admitió que en las tres ocasiones en que sus hijas permanecieron internadas nunca fue a visitarlas.

“Nunca fui a verlas porque solo pasaban un mes recluidas, pero esta vez me habían dicho que ya no me las iban a entregar”, expresó.



Su papá la violó

Cuando tenía 9 años, Yarisa fue violada por su padre, quien guarda prisión en Zacapa. (Foto Prensa Libre: Mario Morales)


Yarisa Pelicó Orellana, de 17 años, era originaria del barrio Los Cerines, Zacapa. La joven había sido violada por su padre cuando tenía 9 años, motivo por el cual fue apresado y cumple condena en la cárcel en Los Jocotes, Zacapa.

Luis Pelicó, tío de la joven, relató que Yarisa era adicta a las drogas y que por problemas familiares, por lo que había escapado de casa. Sus parientes pusieron una denuncia en la Procuraduría General de la Nación. Días después la joven apareció en Zacapa y fue llevada a la referida casa hogar por orden de juzgado, en febrero último.

“Ella era una joven activa, que estudiaba en el colegio Cristo Rey, de Zacapa. Allí cursaba tercero básico. Era una persona alegre y participativa”, expresó una amiga.

La madre de Yarisa emigró a Estados Unidos desde que ella era niña, y fue cuando su padre la ultrajó. Luego, María Rosario Orellana Alonzo, abuela paterna de la menor, se hizo cargo de su custodia, pero la familia indica que las malas amistades de Yarisa la llevaron a caer en la drogadicción.

De San Pablo, Zacapa, también hay otra menor fallecida en el mismo incidente del Hogar Seguro. Ella fue identificada como María Torres.

“Sabemos que tenían problemas de conducta, pero aun así estas jóvenes no merecían tales maltratos. ¿Cómo alguien va a mejorar si recibe violencia en donde se supone debería recibir amor? Pedimos justicia ante esto”, puntualizó la abuela.


“Este año iba a estudiar”

Grindy Yasmín, de 14 años, falleció, en tanto su hermana Gilma Sucely, 15, todavía no es ubicada. (Foto Prensa Libre: Hugo Oliva)

Yosselin Marisela García Flores, de 16 años, ya no podrá estudiar, ya que fue una de las menores que murió en el incendio. María Elena García Flores indicó que su hija no había ingresado en la escuela ya que no tenía partida de nacimiento, pero este año ya tenía la documentación para estudiar por madurez.

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