Daniel Noboa ofreció que ninguna familia se quedaría sin luz, pero esta semana en casi todo el país los hogares soportaron apagones, más de nueve mil empresas sufrieron desconexiones obligatorias y este fin de semana habrá “mantenimientos programados” que implican cortes de energía y desabastecimiento.
o que ya significó un duro golpe para la economía ecuatoriana en 2024, se reedita ahora a pesar de las advertencias que hicieron técnicos, expertos y el empresariado que apoyó la candidatura a la Presidencia de Daniel Noboa y que ahora es víctima de “desconexiones programadas” de hasta 72 horas, en medio de una crisis energética, producto del llamado Fenómeno del Niño, el estiaje tradicional de estos meses y varios casos de corrupción en la compra de termogeneradores, para suplir el desabastecimiento de las hidroeléctricas.
Si lo ocurrido en 2024 tuvo un impacto en el crecimiento económico general, pérdidas por encima de los 2 mil millones de dólares, además de serios cuestionamientos a la administración de la crisis por falta de planificación, prevención y mantenimiento de las centrales termoeléctricas (tal como lo evidenció un informe del Banco Central del Ecuador, BCE), ahora podría tener un costo mucho mayor no solo en el crecimiento, sino en el empleo y el cierre de empresas por la disposición gubernamental de no proveer de energía eléctrica a más de nueve mil empresas.
Los cortes eléctricos son especialmente dañinos para la industria del camarón, una de las más importantes de Ecuador, al comprometer su capacidad para conservar el producto en buen estado
En ese mismo estudio del BCE se explica las causas de la crisis actual, advertidas en 2024, que no recibieron la atención urgente del gobierno de Noboa:
1.- Dependencia de la hidroelectricidad y vulnerabilidad al estiaje. Cuando disminuyen los caudales, baja la electricidad disponible. La concentración de centrales en cuencas afectadas simultáneamente por la época seca agrava el problema. Tener una central instalada no garantiza que pueda producir toda su potencia cuando falta agua.
2.- La demanda creció más rápido que la generación. Según el BCE, entre 2019 y 2023 el consumo eléctrico aumentó 19%, mientras la generación creció 9%. Esa diferencia fue reduciendo el margen para enfrentar sequías, averías y mantenimientos.
3.- Respaldo térmico envejecido e insuficiente. El BCE documentó 13 termoeléctricas con entre 30 y 52 años de antigüedad, además de indisponibilidades imprevistas. En 2026, La Corporación Estatal de Electricidad anunció un plan de incorporación de 920 MW térmicos entre alquileres y compras; anunciar o contratar esa capacidad no significa que ya esté funcionando.
Sin embargo, las principales autoridades responsables de este sector no tomaron las medidas urgentes e inmediatas, en cierta medida confiando que el déficit actual (superior a los 1.300 megavatios) se podía suplir con el aporte de energía desde Colombia, en vista de las buenas relaciones políticas de los dos mandatarios de ultraderecha. Incluso, Noboa intentó calmar a la ciudadanía adelantando que las conversaciones con su homólogo Abelardo de la Espriella permitirían un aporte superior a los 200 megavatios diarios. Pero eso no ocurrió porque Colombia también afronta el estiaje de la época.
Los apagones de 2024 generaron pérdidas económicas por encima de los 2 mil millones de dólares
De hecho, el Consejo Consultivo de Ingenierías y Economía, muy ligado al gobierno ecuatoriano, señala que la principal causa de la actual crisis es el incumplimiento reiterado del Plan Maestro de Electricidad, un documento que establecía las obras prioritarias en generación, transmisión y distribución. Porque, no se sumaron nuevos y más megavatios de energía que podrían llegar por vía de proyectos fotovoltaicos, geotérmicos, térmicos e hidroeléctricos.
En ese misma dirección se pronunció el Observatorio de la Dolarización, un colectivo de expertos económicos, que diagnosticó la situación como sumamente grave pues: “La negligencia manifiesta para administrar el sector energético y específicamente la generación eléctrica nueva se puede evidenciar en la ejecución del plan de inversiones del Ministerio de Energía: 2024 no hay inversión asignada en plena emergencia que por cierto no era de corto plazo, 2025 hacen constar de inicio 206, 9 millones de dólares pero no mueven un dedo para ejecutar desde la planificación y 2026 eliminan la “generación adicional emergente” y lo enfocan como “generación adicional para asegurar la soberanía energética”, y pese hacer reformas presupuestarias a la baja, ejecutan 0”.
Pero no se queda ahí, el Consejo Consultivo denunció la corrupción en proyectos, muchos de ellos declarados en emergencia, como los conocidos como casos Progen y ATM, que de los 241 megavatios que debían generar, apenas están listos 30.
A lo cual se suman pérdidas económicas para el Estado que superan los 200 millones de dólares por pagos indebidos y facturas sin cobrar.
Y una causa no menor es la contratación pública deficiente y burocrática para situaciones de emergencia, pues seis veces se cayó el proceso para el alquiler de 260 megavatios de energía firme; se declaró desierto el proceso para una nueva central de ciclo combinado porque la empresa invitada no presentó una oferta formal; y nueve procesos enfrentan problemas y retrasos de adjudicación y firma de contratos, que bien pudieron concretarse a mediados de este año.
Menos empleo y producción, más inflación y caída del PIB
La obligación de desconectarse alcanza a más de nueve mil empresas de consumo de alto y medio voltaje, entre las que se encuentran grandes firmas de producción agrícola, centros comerciales, puertos con bodegas de enfriamiento, entre otras. Una de ellas es la industria del camarón, uno de los tres productos de mayor exportación del Ecuador.
En un comunicado, la Cámara Nacional de Acuacultura advirtió que “la crisis energética está llevando a la cadena camaronera a una situación crítica. La ampliación de los cortes y la incertidumbre sobre el restablecimiento del servicio ponen en riesgo la supervivencia de organismos vivos, la conservación del producto y la continuidad de empresas que sostienen empleo y exportaciones. En pocas semanas, las restricciones han escalado de 24 a 48 y luego a 72 horas semanales… Para las empresas que no cuentan con generación propia, una desconexión de esta duración equivale a la paralización total de sus operaciones”.
Todo esto explica lo que le ocurre al resto del sector productivo e industrial del país, que ha pedido dialogar con Noboa para encontrar una solución acordada que incluya reparaciones económicas, créditos frescos y subsidios. Sin embargo, el discurso del presidente ecuatoriano es que las ventas aumentan, el desempleo baja y hay una mejor situación para el país con las medidas adoptadas.
Pero el problema no se queda en la “desconexión”. La situación se agrava para quienes tienen que poner en marcha sus autogeneradores, pues al incremento de las tarifas eléctricas y el uso de combustibles más costosos, ahora se suma la escasez de diésel que diversas empresas han reportado durante las últimas semanas.
Según varios gremios empresariales, todos los servicios registran sobrecostos que elevan el precio final de producción y reducen la competitividad, por ejemplo, del camarón ecuatoriano en los mercados internacionales. Y sobre esto también advierten la incertidumbre respecto al cumplimiento de los despachos que podría llevar a los compradores internacionales a buscar otros proveedores, especialmente durante la temporada de Navidad y fin de año.
Daniel Noboa intentó disminuir los cortes de energía importando electricidad desde Colombia, pero este país también afronta el problema del estiaje
Y lo más duro ocurrió desde el fin de semana pasado: varios ciudadanos reportaron cortes de energía en zonas residenciales de las más pobladas ciudades del país. A decir de los expertos, los apagones registrados en varias provincias son decisiones gubernamentales para preservar las reservas de agua del embalse de Mazar.
El ingeniero Alejandro Jaya, especialista en sistemas de potencia y regulación fotovoltaica, explicó que la falta de generación eléctrica y el crecimiento de la demanda mantienen bajo presión al sistema, mientras que la ausencia de importaciones de energía desde Colombia agrava el escenario.
Para él, no es posible desconectar únicamente a los usuarios comerciales mediante un mecanismo centralizado, pues las redes eléctricas abastecen de forma compartida a sectores residenciales, comerciales e industriales. Por ello, las restricciones pueden afectar a distintos tipos de consumidores, dependiendo de la configuración de cada circuito.
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