Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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Los seguidores de MAGA intentan tomar el control de Latinoamérica con el "escudo" de Trump.


El 7 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump y doce jefes de Estado de América Latina y el Caribe se reunieron en Doral, un municipio del condado de Miami-Dade, Florida, para lanzar lo que se conoce como el "Escudo de las Américas".

El documento final, firmado por los trece líderes gubernamentales, entre ellos Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Nasry Asfura (Honduras) y José Raúl Mulino (Panamá), exige el despliegue y uso de "todos los recursos necesarios y las facultades legales disponibles" para desmantelar los cárteles de la droga y las organizaciones terroristas en el hemisferio occidental, privándolos de cualquier control territorial, acceso a financiación u otros recursos.

 Los objetivos también incluyen "mantener a raya las amenazas externas", incluidas las "influencias extranjeras malignas fuera del hemisferio occidental".

Para esta pseudocruzada contra el narcoterrorismo, como le gusta llamarla a Trump, Estados Unidos está impulsando una especie de proyecto de cooperación militar multilateral con gobiernos ultraconservadores, abiertamente alineados con el trumpismo y los intereses geopolíticos y geoestratégicos de Washington

La lucha contra el narcotráfico tiene poco o nada que ver con todo esto, y la negativa a invitar a potencias políticas y económicas latinoamericanas como Brasil, Colombia y México, cuyos gobiernos no siguen ciegamente las órdenes de Washington, lo confirma.

"Esta es una reedición 2.0 de la antigua Doctrina Monroe de dominación continental y la imposición de la ideología MAGA (Make America Great Again – America First)

La retórica de la lucha contra el narcotráfico no es más que una fachada que sirve para enmascarar el acelerado proceso de reposicionamiento de Estados Unidos en América Latina, la redefinición de su perímetro de seguridad y la intensificación de las políticas intervencionistas y la militarización de la región", explicó a Pagine Esteri Giovani Del Prete, coordinador operativo de la secretaría continental de ALBA Movimientos.
Para impulsar su plan, continúa Del Prete, Trump está forjando alianzas con gobiernos satélite, representantes de la ultraderecha neoliberal en América Latina, que garantizan, a toda costa, los intereses de Estados Unidos. Más allá de reforzar la influencia estadounidense en el continente, los objetivos del tan cacareado "Escudo" son socavar el proceso de integración e independencia latinoamericana iniciado con la creación de la ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), y frenar el avance de China (y la influencia rusa) como principal socio comercial de Centroamérica y Sudamérica en sectores estratégicos como infraestructura, tecnología y energía. Actualmente, más de veinte países del continente han firmado memorandos de entendimiento para participar en la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

En particular, Estados Unidos busca asegurar el control de recursos estratégicos y corredores logísticos, a menudo en manos de contratistas chinos. Entre los gobiernos aliados de Washington, Panamá fue uno de los primeros en actuar en consecuencia. Hace unas semanas, canceló contratos portuarios clave en poder de Panama Ports Company, filial de CK Hutchison, con sede en Hong Kong. El fallo de la Corte Suprema declaró inconstitucionales las concesiones de veinte años para operar las terminales de Balboa y Cristóbal del Canal de Panamá.

Los gobiernos de Costa Rica y Paraguay también han manifestado su profunda preocupación por las medidas comerciales impuestas por China a los buques con bandera panameña en sus puertos, sometiéndolos a "inspecciones arbitrarias e injustas que provocan importantes retrasos". 

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, destacó y condenó la situación como una "amenaza directa a la estabilidad de las cadenas de valor mundiales", y recibió de inmediato el apoyo de otros gobiernos aliados, como Israel, Ucrania, Honduras y Perú.

A esto se suma la militarización del Caribe, la invasión y el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, las amenazas contra los gobiernos de Brasil, Colombia y México, el endurecimiento del embargo contra Cuba destinado a estrangular el sector energético, la criminalización de las brigadas médicas en todo el mundo y el aislamiento político de la mayor de las Antillas.

También resulta preocupante el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) firmado por Paraguay y Ecuador con Estados Unidos, según el cual se permite automáticamente la entrada de tropas estadounidenses y se conceden al personal militar, civil y contratistas exenciones e inmunidades equivalentes a las del personal diplomático.

Lo que presenciamos es un burdo intento de quienes se creen reyes y pretenden apoderarse de todo a costa de nuestro pueblo. «O cooperan conmigo o los invado». 

Venimos de más de 500 años de colonialismo, y esto no es más que una versión actualizada de un crimen centenario que, lamentablemente, siempre se basa en la complicidad de gobiernos cipayos (colaboracionistas). 

Gobiernos autoritarios y represivos, que muy a menudo se confabulan con el crimen organizado, dispuestos a sacrificar a su propio pueblo, su bienestar y su futuro para garantizar los intereses económicos y estratégicos de un amo que enfrenta una grave crisis económica y de credibilidad», explica Pablo Rojas, doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Y si la unidad e integración regional se convierten en un obstáculo para los intereses estadounidenses, 

Trump busca entonces fragmentar y dividir mediante la subordinación, la presión, las amenazas, las sanciones, el cerco militar y los bloqueos comerciales y energéticos.

 En este sentido, como señala el colectivo periodístico independiente Misión Verdad, el "precio" de formar parte del Escudo de las Américas es la eliminación definitiva de la autonomía nacional en favor de la hegemonía perpetua y la militarización constante. 

En definitiva, una "soberanía" que, de inviolable en principio, se convierte en una variable negociable.
La nueva iniciativa de Washington complementa, por lo tanto, las prioridades ya establecidas en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025 y 2026. «La designación de los cárteles latinoamericanos como organizaciones terroristas extranjeras permite legalmente operaciones militares extraterritoriales, la congelación de activos y la vigilancia internacional sin controles ni contrapesos legales. Esta fusión de la "guerra contra las drogas" y la "guerra contra el terror" convierte territorios soberanos en zonas de acción geoestratégica, donde la presencia militar estadounidense se normaliza con fines de seguridad», advierte Misión Verdad.

El Escudo opera como una herramienta para proyectar poder en un hemisferio que Estados Unidos siempre ha considerado su "patio trasero", descartando a priori los conceptos de cooperación horizontal, de apoyo y complementaria, y de autodeterminación de los pueblos.

«Trump también lo utiliza como cortina de humo para sus votantes ante una crisis económica y social interna cada vez más grave. 

Cada día vemos cómo se intensifican las protestas en Estados Unidos y se extiende el descontento», señala Del Prete. «La población latinoamericana es rebelde y sabe resistir las estrategias colonialistas de dominación. Debemos fortalecer nuestra visión antiimperialista porque es una cuestión de supervivencia. La única manera de intentar revertir este nuevo rumbo autoritario e intervencionista es mediante la rebelión popular», concluye Rojas.

https://pagineesteri.it/2026/04/09/in-evidenza/i-maga-provano-a-prendersi-lamerica-latina-con-lo-scudo-di-trump/

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