- Mientras siguen los bombardeos y mueren bebés de frío, Washington convierte la Franja en un render inmobiliario
El 22 de enero de 2026, en el Foro Económico Mundial, la guerra se tradujo a lenguaje de inversores.
La Administración de Donald Trump presentó una “nueva Gaza” con rascacielos frente al mar, puerto, aeropuerto y economía de libre mercado. Sin plan B.
Lo anunció Jared Kushner, con el entusiasmo de quien vende un solar premium y no un territorio devastado.
El contraste fue inmediato. Ese mismo día, Israel mató a 16 palestinas y palestinos en 48 horas, tres periodistas, y una bebé de tres meses murió por hipotermia.
La ayuda pactada seguía bloqueada: caravanas y tiendas no entran.
La vida no estaba invitada a Davos.
El plan promete más de 100.000 viviendas empezando por la arrasada Rafah y culminando en Ciudad de Gaza. Kushner afirmó que ciudades para dos o tres millones se levantan en tres años. Factible, dijo. Factible si se ignora a quienes viven bajo drones y sin refugio.
La reconstrucción como negocio llega después de la demolición.
La condición política es clara: desmilitarización total de Hamás. Washington y Tel Aviv la imponen como llave de cualquier avance.
Trump habló de una Gaza “desmilitarizada, adecuadamente gobernada y bellamente reconstruida”, en coordinación con la Organización de las Naciones Unidas. Belleza sin soberanía. Gobernanza sin derechos.
La letra pequeña es más cruda. La reconstrucción empezaría solo donde el desarme sea completo, es decir, en el 58% del territorio controlado por el ejército israelí, casi desierto. Más de dos millones de personas quedan al margen.
El mapa manda; la población sobra.
Trump habló de “pequeños fuegos” y se atribuyó el alto el fuego. Los datos lo desmienten. Gaza sigue partida por la Línea Amarilla: 42% bajo control de Hamás, donde vive casi toda la gente, y 58% en manos israelíes, con demoliciones continuas y acceso prohibido. La ocupación no se congela; se administra.
La “fuerza multinacional” de la segunda fase se evapora por falta de candidaturas.
Y Benjamín Netanyahu no apareció en Davos: desde 2024 pesa sobre él una orden de arresto de la CPI por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. La silla vacía lo dijo todo.
En diciembre de 2025, el IPC retiró la etiqueta de hambruna tras mejorar la entrada de alimentos, pero advirtió que 1,6 millones de personas (77%) siguen en inseguridad alimentaria aguda. La emergencia no terminó; se normalizó.
Lo presentado no fue un plan de paz. Fue un dossier de inversión. Urbanismo colonial, reconstrucción sin retorno, mercado sin justicia. Gaza no es un render. Es un pueblo vivo al que quieren venderle el futuro después de arrasarlo.
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