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Israel convirtió a Amnistía Internacional local en una fachada de su política exterior

El gobierno israelí financió la fundación y las actividades en Israel de la rama local de Amnistía Internacional en los sesenta y setenta del pasado siglo. Documentos oficiales revelan que el director de la organización estaba en contacto permanente con el ministerio de Asuntos Exteriores, del que recibía instrucciones. 


En los primeros días de abril de 1970, el ministro de Policía Shlomo Hillel subió al podio del Knesset. Puso al día a los legisladores sobre los contactos entre el Gobierno y Amnistía Internacional en relación con la preocupación por los detenidos y torturados en Israel. Concluyó diciendo: “Ya no podemos confiar en la buena voluntad y la imparcialidad de Amnistía Internacional”.

Lo informado por el ministro al Knesset fue que durante varios años, Israel trató de influir desde dentro en la actividad de Amnistía. Documentos recogidos por el instituto Akevot para la Investigación del Conflicto Israelo-Palestino, que fueron revelados aquí muestran que algunas de las personas que estuvieron al frente de Amnistía Israel desde finales de los sesenta hasta mediados de los setenta informaron de su actividad directamente y en tiempo real al ministerio de Asuntos Exteriores, consultaron con sus funcionarios y pidieron instrucciones acerca de cómo proceder. Aun más, en ese tiempo Amnistía recibió constante apoyo económico transferido a través del ministerio de Asuntos Exteriores: millones de las libras israelíes de entonces para financiar vuelos internacionales, pagos al personal, tasas de registro y alquiler de locales.

Los documentos muestran que la conexión más importante se daba entre el ministerio de Asuntos Exteriores y el profesor Yoram Dinstein, que encabezó la delegación entre 1974 y 1976. Dinstein, un internacionalmente reconocido experto en leyes de guerra que más tarde fue rector de la Universidad de Tel Aviv, había sido funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores y fue cónsul israelí en Nueva York.

Mientras estuvo al frente de Amnistía Israel, años después de haber dejado el ministerio, informaba regularmente a sus antiguos colegas sobre sus actividades y contactos con la organización internacional.

Amnistía Internacional fue fundada en Londres en 1961 por el abogado británico Peter Benenson quien, indignado por la detención de unos estudiantes portugueses empezó a reclutar personas para que pidieran a sus respectivos gobiernos la libertad de quienes, desde ese momento, fueron definidos como “presos de conciencia”.

Tres años más tarde la filial israelí de Amnistía comenzó a operar allí. Se trataba de voluntarios que trabajaban en defensa de detenidos de todo el mundo. Sin embargo, esta actividad, que desde el inicio tuvo resultados bastante limitados, fue perjudicada como consecuencia de la publicación en 1969 de un informe de Amnistía Internacional (AI) sobre la situación de los palestinos presos en Israel. Este conflicto es el antecedente del informe del ministro Hillel al Knesset. “La rama israelí de Amnistía consta de una persona (más precisamente, una mujer), la señora Bella Ravdin, residente en Haifa. Estamos en contacto con la señora pero es imposible confiar el ella en todos los asuntos”, escribió en diciembre de 1971 Nathan Bar-Yaacob, director del departamento del ministerio de Asuntos Exteriores que se ocupaba de las organizaciones internacionales y Naciones Unidas, al jefe del despacho del director general del ministerio, Hannan Bar-On.

Un artículo de 1975 sobre Ravdin en Haaretz la describía como una incesante escritora de cartas a los editores de distintos periódicos y activista en variadas causas, desde la legalización de la prostitución hasta los beneficios a estudiantes. Según el artículo, ella invertía el dinero que recibía de Alemania por la muerte de su madre en un campo de concentración en la promoción de Amnistía Israel. El informe dice que finalmente sus críticas a la actitud de AI en relación con Israel habían llevado a que dejara de actuar para la organización.

Según algunos documentos del ministerio de Asuntos Exteriores, la actividad de Ravdin estaba subsidiada por el Estado, que pagaba su membresía en AI y financió su viaje al congreso de la organización internacional de 1969. En ese momento, Ravdin recibió instrucciones para que planteara en el congreso el problema de los judíos en los países árabes y quedó esbozada la cuestión relacionada con la actitud que debía tomarse en el tema de “los árabes detenidos en los territorios [ocupados]”. Bar-Yacoob escribió: “Desde nuestra perspectiva, es deseable hacer lo posible para que ella pague la cuota de la membresía. El año pasado, también aprobamos esta suma con el mismo propósito”. Y firmó su carta con una recomendación: “En esta coyuntura, tal vez sea deseable establecer una filial de Amnistía en Israel integrada por personas que de alguna manera sean de un estatus más alto y tengan capacidad ejecutiva”.

Bar-Yaacob no era el único en el ministerio de Asuntos Exteriores que pensaba de esta manera. En una carta de 1971, Mordecai Kidron, asesor del ministro en Naciones Unidas, le escribió a su colega Shmuel Dibon, asesor del ministro a cargo de la diplomacia pública: “Como usted sabe, hasta ahora no hemos encontrado los instrumentos adecuados para construir una imagen positiva en el extranjero en lo relacionado con los derechos humanos en Israel y los territorios ocupados; particularmente en este tema, es imposible hacerlo sin contar con los instrumentos del Estado. El establecimiento de un organismo no gubernamental... que estaría activamente conectado con organizaciones y personajes del extranjero nos sería muy útil”.

En 1971 y 1972, Dinstein trató de fundar un instituto de derechos humanos en la Universidad de Tel Aviv, que estaría financiado por el ministerio de Asuntos Exteriores. Discutió la idea con funcionarios del ministerio pero fue rechazada, en parte porque por el monto de la asignación presupuestaria que solicitaba Dinstein –unas 100.000 libras israelíes (cerca de 23.000 dólares de entonces que, corregidos por la inflación, hoy serían unos 120.000 dólares). En julio de 1972, la filial Israel de Amnistía fue reorganizada y al frente de ella fueron puestos cuatro abogados para que trabajaran en coordinación con la sede central de la organización. Los documentos del ministerio de Asuntos Exteriores apenas mencionan este periodo; en los diversos archivos es raro encontrar algún informe sobre lo que pasó en la organización en el año y medio posterior.

Las cosas cambiaron en el comienzo de 1974, cuando el propio Dinstein fue elegido para encabezar la rama local de Amnistía. Un documento señala que en la reunión en la que él fue seleccionado también estaba el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores con quien Dinstein estaría en contacto durante su tiempo en el cargo: el subdirector de organizaciones internacionales, Sinai Rome.

Inmediatamente después, Dinstein imprimió un ritmo más dinámico a la organización. Por primera vez, Amnistía fue registrada oficialmente como asociación y adoptó los correspondientes artículos como estipulaba la legislación. En mayo de 1974, Dinstein puso al tanto de sus actividades –en su mayor parte, técnicas– desde que había accedido al cargo. Pidió 2.500 libras israelíes (algo menos de 600 dólares de 1974; unos 3.135 en estos momentos) para gastos corrientes) y le adjuntó un documento interno de Amnistía que detallaba sus ingresos provenientes de filiales en el extranjero. Menos de un mes más tarde, Rome escribió al “Querido Yoram” que su solicitud había sido concedida y que se le transferirían 2.000 libras israelíes (unos 476 dólares de 1974; o 2.490 de hoy).

Al menos por lo que expone la correspondencia del ministerio de Asuntos Exteriores, Dinstein veía su trabajo en Amnistía desde el prisma de la defensa de la posición israelí. Así, por ejemplo, dio a conocer –a través del ministerio de Asuntos Exteriores– una nota que había escrito en respuesta a un artículo crítico hacia Israel que Felicia Langer, abogada de los derechos humanos, publicó en junio de 1974. Comenzaba señalando que estaba escribiendo en su calidad de “presidente de la sección nacional israelí de Amnistía” y no mencionaba su vínculo con el ministerio de Asuntos Exteriores. Poco después, Dirstein informó a Rome de que había recibido una carta de una organización de mujeres árabes en Estados Unidos en la que le pedía cualquier información que tuviera sobre palestinos detenidos y encarcelados. En esta carta, también se le pedía información sobre la rama israelí de Amnistía. Dinstein escribió a Rome que se inclinaba por no responder pero deseaba consultarle al respecto. Rome respondió: “Nos parece que esa carta puede ser contestada de diferentes maneras; por ejemplo, escribir que ‘no hay presos de conciencia en las cárceles [de Israel] sino terroristas y personas que han sido juzgadas por atentados contra la seguridad’”. Le pidió que toda la correspondencia fuese dirigida a los consulados israelíes en Nueva York y Los Angeles.

En febrero de 1975, Dinstein informó a Rome acerca de una carta que había recibido de la filial francesa de Amnistía referida a los comentarios del ministro de Policía Hillel sobre la polémica con Amnistía. Dinstein aconsejaba al ministro de Asuntos Exteriores que “le enviara material diplomático público en francés a quien cuestionaba”. Rome respondió: “Tal como usted ha sugerido, por la presente estoy mandando la carta del señor Sinai [sic] al señor Shlomo Dron, de nuestra embajada en Francia, para su atención [la de Dron], junto con el resumen de nuestras relaciones con Amnistía Internacional.

En mayo de ese año, Dinstein le pidió a Rome un dinero para viajar a un congreso de Amnistía en Suiza. Rome se alegraba de decirle que recibiría 6.000 libras israelíes (1.000 dólares de la época; unos 4.650 de hoy) para un pasaje de avión y cuatro días de estadía. “Por favor, dígame a qué agencia de viaje debemos enviar el dinero”, respondió. Después del congreso, que se realizó ese septiembre, Dinstein envió un informe con una relación detallada de las actividades de la organización y señaló que la doctora Nitza Shapiro-Libay también había asistido al congreso como observadora en representación de la filial israelí. Dinstein señaló que la tendencia política de Amnistía era en general de izquierdas; sin embargo, no podía decirse que fuera una organización de extrema izquierda. Contaba que había habido un debate sobre el traslado a Ginebra de la sede central de la organización, aunque todavía no se había llegado a una decisión. “En mi opinión, la atmósfera prevaleciente entre todas las organizaciones de tener su sede en Ginebra es un obstáculo para los objetivos de Israel”, escribió.

En otra carta a Rome que acompañaba a la anterior, Dinstein escribió: “No estoy remitiendo este informe a nadie que no sea el ministro; por lo tanto, está en sus manos enviarlo a quienquiera que sea para su examen (por ejemplo, a la embajada en Londres)”. Rome le agradeció el envío del informe y de hizo saber que estaban aceptando sus recomendaciones acerca de la “distribución de nuestras respuestas a Amnistía concernientes al informe sobre los prisioneros de guerra en Siria y en Israel a nuestra misiones diplomáticas en el extranjero”.

En una conversación de la semana pasada, Dinstein dejó en claro que no tenía una buena opinión de Amnistía. “Renuncié después de algunos años, cuando me di cuanta de que se trataba de una organización populista y muy alejada de todo lo que yo creía que era la investigación y el conocimiento”, dijo. Según él, “En estos momentos, Amnistía Internacional se dedica a algo de lo que no sabe nada, las leyes humanitarias internacionales”. Durante toda la conversación, Dinstein negó que estuviese estado en contacto regular con el ministerio de Asuntos Exteriores ni que hubiera recibido financiación alguna para la organización en los años que él dirigía la filial. Cuando se le preguntó sobre el origen del dinero en aquellos años, él respondió que había utilizado dinero proveniente de sus propios recursos. “No había necesidad de un gran presupuesto. En esos tiempos empleábamos a algunas personas que estaban a tiempo parcial.”

¿Cuál era la participación del ministerio de Asuntos Exteriores? “Ninguna participación; eso no le interesaba al ministerio de Asuntos Exteriores.”

¿Quién es Sinai Rome? “Él era el jefe de un departamento del ministerio de Asuntos Exteriores. Yo lo conocía, pero no tenía contacto con él sobre estas cuestiones.”

“No sé nada de eso”, respondió Dinstein cuando se le dijo que había pruebas que mostraban algo distinto. Y agregó “No recuerdo,” y puso fin a la conversación.

Durante aquellos años, Avi Primor era un diplomático del ministerio de Asuntos Exteriores. Desde 1977, él también es mencionado en algunas piezas de correspondencia que le estaban dirigidas en tanto jefe de la división organizaciones internacionales. Él conocía personalmente a Dinstein desde que ambos tenían 17 años y eran estudiantes universitarios antes de que los llamaran al servicio militar obligatorio en las Fuerzas de Defensa de Israel.

“Él es un patriota en el sentido de que ‘todo lo que hace mi país está bien’; un patriota absoluto”, dijo Primor de Dinstein. “Yo me libré de eso cuando llegué a cierta edad. Él... no tanto.”

Primor contó que Dinstein se sumó al ministerio de Asuntos Exteriores en la misma época que él lo había hecho, pero no se había quedado mucho tiempo porque prefería el mundo académico.

En cuanto a la conducta del ministerio de Asuntos Exteriores respecto de las organizaciones internacionales durante esos años, Primor dijo: “Nuestro objetivo era influir en ellas. No combatirlas, ni denigrarlas, ni prohibirles que entraran como lo hacen hoy. La finalidad era debatir, persuadir. Yo no me involucré en eso pero supongo que persuadir e influir del modo que fuera posible también incluye entregar dinero”.

En estos momentos resulta difícil imaginar una situación en la que un integrante importante de una organización de derechos humanos mantenga una relación con el establishment y reciba financiación de él.

“No se puede comparar. Hay un clima diferente y existen conceptos diferentes. Organizaciones como Romper el Silencio o B’Tselem... no había nada parecido en ese entonces”, dijo Primor. “Había poca gente, algunas personas sueltas, y eran tenidas por ingenuas... En los primeros años de la ocupación, esta era vista como algo temporal. Nadie pensaba que duraría 50 años. Eso era algo inimaginable.”

Durante ese periodo, el doctor Edward Kaufman, quien más tarde sería director de B’Tselem, el centro israelí de información por los derechos humanos en los territorios ocupados, trabajaba junto con Dinstein en Amnistía. “Era un club de juristas y abogados”, dijo Haaretz esta semana. Kaufman cuenta que discrepaba con Dinstein sobre sus actividades en beneficio de Israel. “Él se veía a sí mismo como el cancerbero del gobierno de Israel”, recuerda.

Sin embargo, Kaufman también está mencionado en los documentos del ministerio de Asuntos Exteriores como alguien que estaba en contacto con el equipo del ministerio, aunque es percibido como menos ‘ferviente’ que Dinstein. Por ejemplo, Rome agradece a Kaufman por un informe que envió sobre un congreso de Amnistía acerca de la cuestión de la tortura que se practicaba hacia el final de 1973, después de la guerra de Yom Kippur. “El objetivo principal por el que trabajaba la delegación era la liberación de los prisioneros que Israel mantenía en Siria”, escribió Kaufman. Y añadió que la cooperación con funcionarios de la embajada de Israel en ese país era productiva e incluía una carta que había mandado al secretario de Amnistía Internacional después del congreso.

Kaufman confirmó esto último y le dio un contexto: describió un clima completamente diferente entre los grupos por los derechos humanos y la izquierda israelí funcionando bajo un gobierno diferente al que prevalece hoy en día y –notablemente– un sentimiento personal diferente respecto de Israel. “No existe la sensación de que haya problemas graves en relación con los derechos humanos en Israel y en los territorios [ocupados].” El ministerio de Asuntos Exteriores, dijo, quería que él explicara qué estaba pasando en Amnistía. “No recuerdo haber recibido instrucción alguna para hacer o luchar contra algo”, dijo.

Dinstein renunció a su cargo en Amnistía contra el telón de fondo del conflicto con Kaufman. Shapiro-Libai, que reemplazó a Dinstein y se desempeñó allí hasta mediados de los ochenta, dijo que en los tiempos en que ella trabajó, la rama no recibió ningún dinero del ministerio de Asuntos Exteriores; sus gastos operativos fueron pagados por Amnistía Internacional. “Creo que había un interés en que Israel formara parte de Amnistía porque se trata de una importante organización por los derechos humanos”, dijo ella. “No sé que Dinstein informara por escrito al ministerio de Asuntos Exteriores. Yo no creo que alguien lo supiera, pero sí supongo que él viera algún conflicto de intereses en eso.”

El director ejecutivo de Akevot, Lior Yvne, que encontró los documentos, le dijo a Haaretz: “La manipulación de organizaciones de la sociedad civil realizada entre 1969 y 1976 para promover la diplomacia pública israelí y refutar los hallazgos y reclamos concernientes a la violación de los derechos humanos en los territorios [ocupados] recuerda las actividades de organizaciones y grupos en los últimos años que supuestamente surgían en la sociedad civil, aunque el origen de su financiación era turbio y funcionaban para dañar la legitimidad de las organizaciones por los derechos humanos que criticaban las políticas del gobierno israelí. Hoy, como entonces, estos ataques debilitan la existencia misma de una sociedad civil libre”.

La filial israelí de Amnistía que funciona ahora en Tel Aviv fue registrada en 1988 como organización sin fines de lucro y es una encarnación tardía de la asociación fundada unas tres décadas antes. En los últimos años, prácticamente todo su presupuesto proviene de Amnistía Internacional. La organización no recibe dinero alguno del gobierno de Israel; el año pasado, incluso hubo un intento del Knesset de negar beneficios impositivos a sus donantes.

El Secretariado de Amnistía Internacional respondió en una declaración que los documentos “presentan graves acusaciones que sugieren que el liderazgo de nuestra antigua sección en Israel actuaba de una manera abiertamente en desacuerdo con los principios de Amnistía Internacional”. Promocionando “imparcialidad e independencia” como los principios básico de la organización, la declaración señala una política de no aceptación de fondos del Estado para sufragar sus investigaciones y campañas. “Nuestros registros demuestran que en 1975 este principio fue acordado formalmente por el movimiento. Ningún gobierno debía sentirse libre de nuestro escrutinio”, decía la declaración.

La declaración afirma que “en ese tiempo Amnistía Internacional sostenía la norma de prohibir que las secciones se ocuparan de casos referidos a la violación de los derechos humanos en su propio territorio. Por lo tanto, nuestro trabajo en Israel era decidido por el Secretariado Internacional, no por la antigua sección israelí. Durante todo este tiempo, Amnistía Internacional destacó los abusos contra los derechos humanos que eran cometidos por las autoridades israelíes, incluso exigió el cese del empleo de la detención administrativa por parte de Israel.

“Durante el periodo en cuestión, nuestro movimiento aún estaba dando sus primeros pasos. A medida que crecimos y nos convertimos en el movimiento auténticamente global que somos ahora, hemos continuado desarrollando fuertes políticas y procedimientos de trabajo para asegurar una rigurosa imparcialidad y responsabilidad.”

Amnistía Israel dijo que los documentos recibidos demuestran que el gobierno de Israel nunca se abstuvo de recurrir a cualquier medio para evadir su responsabilidad por la violación de los derechos humanos, tanto en los setenta del siglo pasado como hoy en día. La filial dijo que los documentos muestran también que la sección anterior de Amnistía, registrada en 1974 como una asociación otomana, no es la rama que funciona en estos momentos, que fue registrada en 1988 como una sociedad israelí sin propósitos de lucro, y agregó que la actual filial israelí forma parte activa e integral del movimiento de ámbito mundial Amnistía.

Uri Blau es un periodista israelí especializado en temas relacionados con las fuerzas armadas, la política, la corrupción y la transparencia.


http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225451

Agaton

Al momento de ser designado como Primer Presidente de los Estados Unidos, George Washintong era poseedor de 178 esclavos africanos...al concluir su mandato, ya esa suma se había elevado a 470 esclavos...pero jamas se detuvo en su ambición, porque al morir, sumaban mas de 1,200 esclavos repartidos en las haciendas y plantaciones de su propiedad...s.

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