Paz se encuentra entre la espada y la pared. Incluso si llega a sobrevivir a esta segunda oleada de protestas populares, probablemente emergería de ella tan debilitado que le sería muy difícil implementar su tan aspirado paquete de leyes neoliberales.
Aunque Bolivia nunca deja de sorprender políticamente, las movilizaciones populares actuales y los masivos pedidos de renuncia apenas 6 meses después del inicio del gobierno de Rodrigo Paz pueden parecer incomprensibles e incluso insensatos; sin embargo, no lo son. Los mineros, campesinos, maestros y vecinos que hoy protestan y exigen la renuncia de Paz son quienes votaron por él en octubre de 2025 ¿Qué pasó para que, apenas medio año después, demanden su salida?
Unos meses antes de las elecciones de 2025, ninguna encuesta le asignaba a Rodrigo Paz más del 3% de intención de voto ¿Cómo logró entonces ganar la primera vuelta con el 27% y luego el balotaje con el 54%?
La respuesta principal se encuentra en la disputa interna del MAS entre Luis Arce y Evo Morales, que atravesó toda la gestión de Arce (2020-2025) y desembocó en una crisis económica marcada por la recesión y el desabastecimiento de carburantes.
Ninguna encuesta le asignaba a Rodrigo Paz más del 3% de intención de voto ¿Cómo logró entonces ganar la primera vuelta con el 27% y luego el balotaje con el 54%?
El profundo malestar del bloque popular frente a esa situación se tradujo en un voto castigo contra el MAS, que terminó siendo canalizado hacia Rodrigo Paz: aproximadamente la mitad del voto histórico del MAS - tradicionalmente cercano al 54% - migró hacia Paz en la primera vuelta y prácticamente en su totalidad en la segunda vuelta.
Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.
La clave del éxito electoral del dúo Rodrigo Paz – Edman Lara fue sin duda el candidato a vicepresidente. Lara es un ex policía que se hizo famoso denunciando en Tik Tok la corrupción de los altos mandos policiales y de la clase política boliviana en general.
Pero Rodrigo Paz también jugó un rol importante: miembro de la casta tradicional boliviana - hijo del ex presidente Jaime Paz y sobrino nieto del ex presidente Victor Paz - logró proyectarse como una opción de cambio moderada y no racista - a diferencia de los otros dos candidatos de derecha como Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina.
A ello se sumó su lúcida idea de hacer campaña en los bastiones rurales y urbano populares del MAS donde reinaba el descontento frente a la pugna Arce–Evo, y además lo hizo bajo el mentiroso pero atractivo lema de “capitalismo para todos”.
Al votar por Paz y Lara, el bloque popular en Bolivia no votó contra el Estado Plurinacional, sino contra quienes parecían estarlo degradando con su pelea visceral. Fue un voto por renovar el Estado Plurinacional con la crítica agresiva de Lara a la corrupción de las élites políticas y con la promesa de Paz de un Estado Plurinacional más proclive a los negocios populares.
Y es que la expectativa de un pacto Estado y sociedad - basado en poder político para las organizaciones sociales e inversión económica estatal - no se borró con la salida de Evo, Arce o con la victoria de Paz, sino que sigue vigente en el imaginario colectivo y orienta las expectativas populares respecto al Estado.
El engaño no sólo fue simbólico, sino económico, en diciembre, Paz incrementó el precio de la gasolina en 86% y del diésel en 163%
Sin embargo, la oferta de Paz de seguir con ese pacto bajo una versión renovada sólo fue un engaño electoralista. El día de la posesión presidencial ninguna organización popular fue invitada al evento; el gabinete de ministros estuvo nuevamente dominado por las corbatas y las caras blancas. Ninguna organización social formó parte de él.
El engaño no sólo fue simbólico, sino económico. En diciembre, Paz incrementó el precio de la gasolina en 86% y del diésel en 163%. Paralelamente, intentó legalizar la venta de recursos naturales “fast track” (se puso el término en inglés en el Decreto Supremo), medida en la que tuvo que retroceder gracias a las movilizaciones populares de diciembre y enero de este año.
A esto se sumaron políticas de perfil más bajo pero que igual calaron en el imaginario colectivo como el retiro de impuestos a las grandes fortunas y a las utilidades extraordinarias, así como diversos actos de corrupción.
Las dos medidas que terminaron por desbordar el malestar fueron la denominada “gasolina basura” y la ley de reclasificación de tierras. No sólo se le incrementó enormemente el precio de los carburantes a una sociedad en recesión económica, sino que además se le entregó gasolina adulterada que dañó vehículos particulares, el transporte urbano, y las trilladoras, motores y maquinaria agrícola de los campesinos.
A ello se sumó la aprobación de la Ley 1720 que abrió la posibilidad de convertir la pequeña propiedad campesina —históricamente inembargable— en mediana propiedad susceptible de crédito y embargo, despertando así desconfianza en una de las fibras más sensibles de un país mayoritariamente indígena y que experimentó en 1953 una de las reformas agrarias más radicales del mundo.
Estos dos hechos detonaron un nuevo ciclo de movilización contra Paz precisamente por quienes habían votado por él y Lara esperando una renovación del Estado Plurinacional y no un giro neoliberal racista y excluyente.
La aprobación de la Ley 1720 abrió la posibilidad de convertir la pequeña propiedad campesina en mediana propiedad susceptible de crédito y embargo, detonando un nuevo ciclo de movilización contra Paz
Horizontes de la protesta
La movilización ha sido masiva y absolutamente contundente en el departamento de La Paz: prácticamente todas sus rutas se encuentran bloqueadas. Sin embargo, el conflicto aún no se ha irradiado al resto del país y esto podría definir sus posibilidades de victoria. Mientras tanto, seguidores de Evo Morales provenientes de Cochabamba han iniciado una marcha hacia la ciudad de La Paz y se espera su llegada en los próximos dos días a La Paz.
Hasta ahora el gobierno ha respondido a las protestas con tres estrategias. La primera ha sido atribuir las movilizaciones a una conspiración de Evo Morales; sin embargo, esta narrativa no ha convencido ni siquiera a los sectores conservadores pues es evidente que el apoyo de Evo se concentra en Cochabamba mientras que el epicentro de las protestas es La Paz.
La segunda ha consistido en fracturar al movimiento popular mediante negociaciones y prebendas con algunos de los sectores movilizados; esta estrategia parece destinada al fracaso pues las bases han desbordado a las dirigencias y además han amenazado con castigarlas duramente en caso de pactar con el gobierno.
Finalmente, desde el viernes por la noche el gobierno ha recurrido a la vía represiva movilizando a la Policía y el Ejército, lo cual ha dejado al menos 2 ciudadanos fallecidos, probablemente encendiendo aún más la chispa en una sociedad acostumbrada a responder a la represión con más rebeldía.
Rodrigo Paz se va acercando cada vez más a los grupos de extrema derecha que abiertamente le han ofrecido la posibilidad de que gobierne desde esta ciudad, lejos de las “hordas” indígenas y populares
Pese a las dificultades del gobierno para contener las protestas, el escenario es complejo. El campo popular, aunque sólido en la capacidad de movilización, aún carece de liderazgos fuertes capaces de aglutinar y liderar un bloque electoral ante una eventual elección. Además, aún no emerge una agenda económica que ofrezca una alternativa progresista para salir de la crisis económica.
Por su parte, Rodrigo Paz se va acercando cada vez más a los grupos de extrema derecha – Tuto Quiroga, Manfred Reyes y las élites de Santa Cruz – que abiertamente le han ofrecido la posibilidad de que gobierne desde esta ciudad, lejos de las “hordas” indígenas y populares.
Sin embargo, Paz sabe que cobijarse en la extrema derecha no es gratis: le demandan espacios claves en el gobierno, paquetes de leyes neoliberales y niveles de represión que sólo avivarán la rebelión popular.
Sin duda Paz se encuentra entre la espada y la pared. Incluso si llega a sobrevivir a esta segunda oleada de protestas populares, probablemente emergería de ella tan debilitado que le sería muy difícil implementar su tan aspirado paquete de leyes neoliberales.
Además, sectores de la derecha boliviana comienzan a verlo como una figura débil incapaz de liderar una reestructuración neoliberal de la sociedad boliviana y empiezan a explorar alternativas.
Rodrigo Paz es víctima de su propio juego. Se encumbró jugando con expectativas y malestares acumulados, y ahora debe responder a ellos. Por ahora se hace cada vez más improbable que pueda salir de su propio laberinto.
https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/engano-rodrigo-paz-crisis-politica-bolivia/20260518100000069719.html

