Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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En Irán como en Cuba, Trump juega con fuego... y con el mundo

Dos importantes crisis relacionadas, aunque de muy diversa escala, la guerra contra Irán y los esfuerzos por someter a la "isla" revolucionaria cubana, dan la medida de los problemas de concepción y de ejecución de la política exterior de la Administración Trump.

 En ambos casos, y no tan paradójicamente como a simple vista pudiera parecer, confluye un elemento distintivo: 

El haber permitido que la política exterior de EEUU sea manejada por élites foráneas y vorazmente mafiosas, en un caso desde Miami y en el otro desde Tel Aviv.

Advertimos que este fenómeno no es nuevo en lo que respecta a los imperios. 

Ya le pasó a Roma, que en su momento vio como su estamento político-militar era de diversas maneras copado por herederos de las tribus bárbaras a las que infructuosamente durante siglos había buscado someter, lo que según los historiadores fue un factor que contribuyó a la caída del Imperio Romano de Occidente. 

Aunque los detalles difieran, este es también el caso de los Estados Unidos hoy en día con la mafia anticubana de Miami y el lobby sionista. Tanto ayer como hoy estamos en presencia del efecto desbastador que para la coherencia de un Estado Imperial tienen la privatización y la concentración del poder político-militar.

Tanto en el caso cubano como en el iraní, el presidente Donald Trump parece estar masticando más de lo que puede tragar. 

Los ansiados (y prometidos) cambios de régimen, tanto en Teherán como en La Habana, por sí solos bastan para dar al traste con la carrera política de un presidente que se jactaba de no haber empezado ni una guerra y que ahora dice que puede pasarse guerreando por toda la eternidad.
Nadie apoya la guerra contra Irán

Por ejemplo, según una encuesta de Reuters/Ipsos, solo uno de cada cuatro estadounidenses aprueba los ataques de la Administración Trump y el régimen sionista de Israel contra Irán, mientras que más de la mitad percibe que el jefe de la Casa Blanca es “demasiado” inclinado a las soluciones militares. 43% dijo desaprobar los ataques, un 27% los aprobó y un 29% dijo no estar seguro.

Aunque Trump diga que la operación militar contra Irán fue planificada para cuatro semanas (admitiendo de paso que las negociaciones con el país persa no fueron más que un engaño), muchos observadores internacionales consideran que la ventana de oportunidad para Estados Unidos e Israel es mucho más corta: de unos doce días más o menos antes que el peso de las pérdidas reales de EEUU e Israel empiece a ser conocido por la opinión pública occidental y con ello la fuerza de la cola sionista para menear al perro estadounidense se vea fatalmente mermada.

Trump se jacta de haber eliminado al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, pero pasa por alto que este ya tenía 86 años y el mando efectivo de las fuerzas iraníes desde hace rato está en manos mucho más jóvenes. 

Y no solo eso, las iraníes son fuerzas que vienen de un proceso de descentralización en el que las unidades político-militares a nivel regional tienen gran autonomía operativa, precisamente para evitar escenarios como el que se produjo en Venezuela con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

 Por más daño que los bombardeos israelíes-estadounidenses le causen al mando persa, éste siempre será un enemigo muy difícil de desarmar y el conflicto, uno muy difícil de apagar.

Pero el problema para Estados Unidos no es solamente uno de pérdidas de soldados y aviones, es uno de una crisis económica que ataca las mismas bases del proyecto MAGA. 

El precio del crudo se ha disparado, y con cada día que el estrecho de Ormuz siga cerrado y misiles sigan siendo disparados contra bases estadounidenses en la región, se agigantan las nubes de la inflación y de la falta de competitividad de las empresas estadounidenses.

Claramente, el escenario de una victoria fácil para Trump - Netanyahu en Irán parece el menos probable de todos.
¿Y quién apoya la "máxima presión" de Trump contra Cuba?

En comparación con el tema iraní, el cubano aparenta ser de menor calado.

Aunque no hay encuestas similares sobre el tema de Cuba que abarquen a toda la población estadounidense, el "cambio de régimen" en la isla no fue ni de lejos un tema central de las pasadas elecciones ni siquiera entre la diáspora de Miami, que por cierto se encuentra cada vez más decepcionada con Trump por las redadas antiinmigrantes del ICE, por el endurecimiento del bloqueo hacia Cuba (que no les deja ver y ayudar a sus familiares en la isla) y por una economía que no ha mejorado, sino todo lo contrario, bajo la nueva administración.

De hecho, el tema de Cuba no existe en la política federal de Estados Unidos, a excepción del vociferante lobby "cubano-americano" que durante décadas se ha encargado de imponer una política que la mayoría de los estadounidenses no comprende ni apoya. Es fácil imaginarse el tipo de cifras que arrojarían las encuestas de opinión tras una hipotética invasión de marines en Cuba.

 De hecho, la política de "máxima presión" de Trump hacia Cuba, con sus anuncios de un bloqueo petrolero total, declarado inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia de los propios EEUU, es totalmente rechazada por la población. 

En cuanto al ambiente de la opinión dentro de Cuba: el mismo accionar de Trump, sus palabras y sus hechos, han convencido a la inmensa mayoría de la población de que es el gobierno de Cuba y no el de Estados Unidos quien defiende su derecho a la existencia y a la vida.

Todo esto genera una situación de aislamiento sociopolítico de los sectores más recalcitrantes del exilio anticubano en Miami que cuentan con el apoyo de la clase política anticubana del sur de la Florida liderada nada más ni nada menos que por el Secretario de Estado Marco Rubio. 

Ahora estos sectores, desesperados porque Trump no parece muy decidido a correr riesgos por un cambio de régimen en Cuba, deciden hacer méritos para provocar una intervención militar estadounidense en la isla.

Como es sabido, el pasado 25 de febrero las fuerzas de seguridad fronteriza cubanas, frustraron un intento de infiltración de un grupo terrorista de Miami a bordo de una lancha rápida en el que resultaron 4 atacantes muertos y 6 detenidos, además del contacto del grupo que buscaba realizar atentados en tierra firme. 

Este grupo, armado hasta los dientes con fusiles de guerra, pistolas y cócteles Molotov, no hubiera sido capaz de medirse con ninguna unidad regular de las fuerzas armadas cubanas, pero sí habría podido realizar acciones terroristas en lugares de trabajo o centros de recreación o estudio en Cuba y así vender en el exterior una situación de inestabilidad con la que presionar a Donald Trump a lanzarse a la descabellada aventura de invadir militarmente la isla.

 Inicialmente, la incursión fue negada por los medios financiados por Washington en Miami, hasta que al final la terrorista señalada como autora intelectual de la misma la reivindicó en sus redes sociales. Como siempre, el FBI fue alertado de los pormenores del caso pero, también como siempre, no ha hecho nada al respecto que se sepa.

Como las casualidades no vienen solas, el sábado 28 fueron detenidos en Cuba diez ciudadanos panameños por pegar afiches de propaganda contra el orden constitucional cubano. Según las autoridades, los detenidos reconocieron haber aceptado realizar esa tarea a cambio de una remuneración de entre 1.000 y 1.500 dólares. 

En un alarde de propaganda autodestructiva, uno de los activos de la contrarrevolución mediática en la isla también salió reivindicando a los panameños, y hasta añadió a los ya mencionados afiches, pintadas contra el gobierno en diversas paredes de Cuba, agregando que el grupo se presentaría en Miami (¡?) dentro de 10 días. 

Esto último es algo totalmente absurdo, probablemente debido a la necesidad del activo en cuestión de producir alguna noticia jugosa que le reportara algunos dólares más que lo habitual de sus padrinos del Norte.

Sin pruebas, aunque también con muy pocas dudas, podemos decir que probablemente el incidente de la lancha y el de los afiches formaban parte de una operación mucho más amplia de guerra sicológica.

 Lo que llama la atención en este caso es la debilidad extrema de la contrarrevolución interna en la isla cuando sus padrinos en Miami se ven obligados a contratar agentes en otro país para hacer algo por lo que antes solo necesitaban pagarle a alguien dentro del país unos pocos dólares.
Los bárbaros que incendiarían Roma

No está probado que Nerón por su cuenta hubiera incendiado Roma, pero Donald Trump muy bien puede incendiar el mundo y en particular los Estados Unidos, especialmente si de colas que menean perros se trata, como es el caso de los lobbys sionista y anticubano, con una desproporcionada influencia en el funcionamiento y los mecanismos de toma de decisiones del imperio.

Que la actual guerra sionista-estadounidense pone en grave peligro al mundo es algo que no necesita mayor explicación. 

De ahora en adelante, ya nadie va a creer en negociaciones con un presidente que no tiene palabra. Tampoco los países van a tener muchos remilgos a la hora de manejar sus arsenales nucleares. 

Sin ir más lejos, ya el presidente francés Emmanuel Macrón dijo que no rendiría cuentas por las bombas atómicas de su país y anunció el desarrollo de nuevas. Ningún aliado de Estados Unidos puede confiar en lo que diga Trump, y el mensaje para todo el mundo es: "¡Ármese quien pueda!"

Una intervención militar de Estados Unidos en Cuba sería como echarle un bidón de gasolina a este fuego, porque un "cambio de régimen" en Cuba es sinónimo de guerra civil en la isla y probablemente también en los propios Estados Unidos. 

Por el valor simbólico del bloqueo estadounidense, condenado a coro desde hace décadas por la inmensa mayoría de los países, una intervención estadounidense significaría una declaración de "vale todo" a escala global.

No hay mejor ilustración del papel nefasto que juegan estos lobbys para la política estadounidense que los de del sionista Benjamín Netanyahu y los anticubanos Marco Rubio y Ted Cruz. De "Bibi" no hay nada que no se haya dicho ya. 

Genocida confeso y buscado por los tribunales internacionales por ese crimen. Muchos observadores, entre ellos el periodista Tucker Carlson, lo señalan como autor intelectual de esta "guerrita" contra Irán.

 El Secretario de Estado Marco Rubio es conocido, no solo por su cargo actual, sino también por su patronazgo de todo lo peor que sale de Miami en dirección a Cuba y a América Latina.

Del Senador por Texas Ted Cruz, hay que decir que une lo peor de ambos mundos: No solo es un rabioso anticubano, sino también un prosionista inveterado. 

Hace unas semanas, en los medios se mostraba esperanzado de que en los próximos seis meses asistiríamos al fin de Maduro en Venezuela, Jameneí en Irán y Díaz-Canel en Cuba, y este propio fin de semana se jactaba de haber sido él quien supuestamente el viernes aconsejó a Trump "no perder la oportunidad" de atacar a Irán.

Trump atraviesa momentos muy difíciles en los que lucha por su sobrevivencia política. Su agenda de "América Primero" se ha desdibujado totalmente. 

No solo no está trayendo la estabilidad económica y laboral tan ansiada por sus electores, sino que se están haciendo trizas sus promesas de no más guerras y de priorizar la situación interna de Estados Unidos. Trump se está empezando a enfrentar a sus propias bases y la opinión se va volviendo en su contra.

 Al mismo tiempo, quienes le patrocinaron su campaña están exigiendo retribuciones. En esas condiciones, la tentación de apretar botones de diversos colores se vuelve cada vez más irresistible. 

Nada más peligroso en momentos como estos para un presidente de Estados Unidos que el estar rodeado de Bibis, Marcos o Teds que al menor descuido lo lleven a incendiar, no Roma, sino el planeta Tierra.

https://telegra.ph/En-Ir%C3%A1n-como-en-Cuba-Trump-juega-con-fuego-y-con-el-mundo-03-03

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