Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

-Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

Portugal se asoma al abismo reaccionario en unas presidenciales decisivas

Portugal vota este domingo en unas elecciones presidenciales que condensan muchas de las grietas políticas, sociales y económicas abiertas en Europa tras una década larga de austeridad, precarización y renuncias democráticas. 

Las encuestas no dejan margen para la complacencia: la ultraderecha puede ganar la primera vuelta y forzar una segunda el 8 de febrero, con un escenario de fragmentación extrema y una izquierda debilitada por sus propias contradicciones.

Según el último sondeo del diario Público, André Ventura ronda el 21% de los votos. Le siguen Antonio José Seguro con un 20%, João Cotrim de Figueiredo con un 19%, y dos candidatos en el 15%: el militar independiente Henrique Gouveia e Melo y el conservador Luís Marques Mendes. 

Ninguno superaría el 50%, con una probabilidad estadística del 99,5% de que haya segunda vuelta. En un país de 11 millones de electores, con 1,6 millones residiendo en el extranjero, cada décima cuenta.

No es una anomalía portuguesa. Es una tendencia europea. Cuando el malestar social no encuentra respuesta política, lo ocupa el autoritarismo. Portugal no es inmune, por mucho que durante años se haya presentado como la excepción amable del sur.

LA ULTRADERECHA AVANZA SOBRE EL DESGASTE SOCIAL

André Ventura encabeza este ciclo. Líder de Chega!, formación ultranacionalista, xenófoba y aliada ideológica de Vox, ha sabido capitalizar la frustración acumulada por los bajos salarios, la crisis de la vivienda y los recortes laborales. Con un PIB creciendo en torno al 2% y un paro apenas por encima del 6%, la macroeconomía no ha evitado la precariedad cotidiana. El crecimiento no llega a la mayoría social.

Ventura no propone soluciones estructurales. Ofrece culpables. Migrantes, feminismo, ecologismo y derechos humanos forman su repertorio de enemigos. Niega el cambio climático, ridiculiza la justicia social y copia el tono trumpista del “anti-woke”, mientras blanquea episodios de violencia racista y desprecia las denuncias internacionales sobre Gaza. Es una ultraderecha clásica, pero con un envoltorio mediático eficaz.

Este avance no se explica sin el contexto. El 11 de diciembre de 2025, Portugal vivió la huelga general más seguida desde 1974, según los sindicatos. Fue una respuesta directa a los recortes laborales del Gobierno conservador de Luís Montenegro. 

Cuando el conflicto social se intensifica y no hay canal político creíble, la extrema derecha se presenta como falsa alternativa.

EL BLOQUE SISTÉMICO Y LA IZQUIERDA A LA DEFENSIVA

El principal dique frente a Ventura es el socialista Antonio José Seguro, que apela al voto útil de la izquierda. Exlíder del Partido Socialista entre 2011 y 2014, profesor universitario y exministro con António Guterres, Seguro intenta reconstruir una mayoría defensiva. Su problema es la memoria. Su abstención en los recortes impuestos por la troika sigue pesando, aunque hoy se presente como garante institucional frente al autoritarismo.

Por el flanco neoliberal aparece João Cotrim de Figueiredo, economista y eurodiputado de Iniciativa Liberal. Su programa es conocido: rebajas fiscales a las rentas altas, privatizaciones y menos derechos laborales. Ha subido en las encuestas pese a una denuncia por acoso sexual y a admitir que podría votar a Ventura en segunda vuelta. El neoliberalismo siempre acaba flirteando con la ultraderecha cuando toca elegir.

El candidato independiente Henrique Gouveia e Melo representa el espejismo tecnocrático. Militar de carrera, ganó prestigio coordinando la vacunación contra la covid-19 en 2021, tras el caos inicial. Su perfil gestor y autoritario pierde fuerza conforme la campaña exige política, no logística. La neutralidad es un lujo que desaparece cuando el fascismo avanza.

En el campo conservador clásico, Luís Marques Mendes encarna el pasado. Exministro y expresidente del PSD, ofrece estabilidad y consenso, pero no conecta con un electorado cansado del turnismo. Frente a él, la ultraderecha se presenta como ruptura, aunque sea una ruptura reaccionaria.

A la izquierda del Partido Socialista, Catarina Martins apenas alcanza el 3%. 

El Bloco de Esquerda, que superó el 10% en 2015, paga la fragmentación, la desmovilización y el desgaste institucional. La izquierda anticapitalista llega debilitada justo cuando más necesaria sería.

Portugal decide este domingo algo más que un nombre. 

Decide si normaliza que la extrema derecha lidere el país o si reacciona a tiempo. En juego no está solo la Presidencia, sino la memoria de 1974 y el sentido mismo de la democracia social. La historia nunca avisa dos veces.

https://www.facebook.com/share/p/1HPaxSW92U/

Related Posts

Subscribe Our Newsletter